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12 Nov 2012

EXPERIMENTOS PSICOSOCIALES – Nº6: El pequeño Albert (Jhon Broadus Watson, 1920)

El siguiente experimento psicosocial consiste en una demostración empírica del condicionamiento clásico, y fue llevado a cabo por Jhon Broadus Watson (filósofo y Doctor en Psicología Experimental) en 1920.

Watson revolucionó el mundo de la psicología social con la publicación de “psychology as the behaviorist views it” en 1913. En este artículo proponía  analizar esta disciplina desde el análisis de la conducta observable en lugar de hacerlo desde el análisis de la conciencia, perspectiva vigente hasta entonces. Para ello, propuso la eliminación de la introspección como método valido para la psicología, sustituyéndolo por la observación y la experimentación objetivas.

De esta forma, la psicología pasó a explicar la conducta recurriendo a factores ambientales externos al individuo y no de su naturaleza interna, consiguiendo evitar así uno de los mayores problemas a  los que se enfrentaba la psicología hasta entonces, que era inferir en los procesos mentales de los individuos a los que se pretendía investigar.

La influencia de este experimento proviene de los trabajos de Ivan Pavlov (Premio Nobel en 1904), en cuya teoría del condicionamiento clásico planteaba  que el aprendizaje es consecuencia de la asociación de un estimulo incondicionado (EI) a un estimulo inicialmente neutro, que por asociación con el EI se convierte en un estimulo condicionado (EC) que da lugar a una respuesta condicionada (RC).

Pavlov realizó un experimento 1905 que consistía en mostrar un plato de comida (EI) a un perro mientras hacia sonar una campanilla (EC). Tras una serie de intentos, el animal asoció el sonido con la presencia de comida y salivaba incluso sin que el plato estuviera presente, es decir, sólo con el sonido de la campanilla.

Watson aplicó este esquema de aprendizaje por primera vez en seres humanos. Para ello, con la colaboración de su ayudante Rosalie Rayner, seleccionaron a Albert, un bebé de 11 meses al que se le hicieron previamente una serie de pruebas para comprobar que tuviera la estabilidad emocional que requería el experimento, es decir, para constatar que  no tuviera  fobias previas a los objetos que se le iban a mostrar.

La asociación entre un ruido provocado por el golpe de un martillo sobre una barra de metal (EI) y la presencia de una rata blanca (EC) que previamente no generaba ninguna respuesta negativa, acabó por provocar una respuesta emocional de miedo (RC) ante la sola presencia del animal. El miedo que el pequeño Albert sentía hacia la rata blanca se generalizó a otros animales y objetos similares (perros, conejos, abrigos de lana, etc.), demostrando así que el miedo podía ser aprendido por condicionamiento clásico.

Más adelante, Watson publicaría en si libro “Behavorism” una de sus frases mas polémicas:

Dadme una docena de niños sanos, bien formados, y mi propio mundo especifico para educarles y puedo garantizar que tomando cualquiera de ellos al azar y formándole llegara a ser el tipo de especialista que yo me proponga (doctor, abogado, artista, comerciante, he incluso mendigo y ladrón) sin tener en cuenta sus talentos, aficiones, tendencias, capacidades, vocaciones o incluso la raza de sus antepasados

Las conclusiones del experimento y el artículo publicado por el autor a posteriori, evidencian la peligrosidad del condicionamiento puesto en marcha, puesto que significa que la conducta del individuo puede manipularse.  No sólo es posible generar los miedos, si no también los gustos, las creencias, los prejuicios y otros muchos rasgos de la personalidad del ser humano. Hay que tener en cuenta que este tipo de experimentos pueden ser muy controvertidos y ocasionar grandes problemas al sujeto investigado. No sabemos qué secuelas pudo tener el pequeño Albert durante el resto de su vida. Quizás no pudo tener jamás una mascota como cualquier niño o el simple contacto con un abrigo de lana le pudiera causar un miedo y un pánico atroz sin explicación alguna.

Si bien, este experimento ayuda a entender algunos patrones de comportamiento que en muchas ocasiones atribuimos a factores biológicos como la genética, pero la verdad es que existe una influencia directa de una serie de mecanismos completamente arraigados en nuestra sociedad de los que no somos conscientes, pero que condicionan nuestra conducta hasta límites insospechados.

La educación infantil ha manejado este tipo de mecanismos para reforzar la conducta de los niños de forma positiva (aunque puede llegar a tener consecuencias negativas) a través de la invención de fábulas y mitos. Esto ha servido para que desde temprana edad el niño cree unas pautas de comportamiento específicas, que varían en función de los esquemas culturales de cada sociedad. Así pues, la fábula de “La cigarra y la hormiga“, “Caperucita roja“, o incluso el mito de “El hombre del saco“, van asociados con unas determinadas situaciones que se espera que el niño vaya a evitar, produciendo de esta manera una respuesta condicionada.

El hecho de que el conductismo puede ser un arma de doble filo, lo explicaba a la perfección Aldous Huxley (escritor inglés) en su libro: “Un mundo Feliz”, donde los individuos son condicionados con cintas de hipnosis mientras duermen, creando una sociedad ideal formada por sujetos conformistas que no se cuestionan su forma de vida, y están completamente convencidos de que es la mejor. A pesar de que esto es la máxima radicalización de este proceso, existen muchos mecanismos que se parecen a los descritos en este libro por Huxley vigentes en nuestra sociedad, en los cuales la publicidad cobraría uno de los papeles  protagonistas.

Fuentes:

 

 

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