Fundación iS+D | ismasd@isdfundacion.org | +34 91 630 09 58

Blog

24 ene 2014

CURIOSIDADES EN TORNO A LA ESTADÍSTICA: Nº 2 – ¿Utilizamos la estadística por encima de nuestras posibilidades?

¿UTILIZAMOS LA ESTADÍSTICA POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES?

En las últimas décadas el uso de datos estadísticos es una de las principales maneras con las que se presenta información de cualquier tipo, provenga su fuente de la clase política, de los medios de comunicación, a través de mensajes publicitarios o relacionada con trabajos de investigación. Actualmente consumir información se convierte, en muchas ocasiones, en un chapuzón sin flotador entre números, porcentajes, gráficos, probabilidades, mapas y otros conceptos básicos de esta disciplina. Dejándonos en ocasiones medio ahogados por las dificultades que se nos presentan al tener que nadar entre datos numéricos. Es posible que esta fiebre por explicarlo todo con números y/o porcentajes vaya más allá de intentar dar cuenta de los hechos de forma rigurosa, y obedezca también a la necesidad de mantener alguna forma de certidumbre en tiempos inciertos…

En esta era de la ‘modernidad’ con entornos cada vez más inestables por imprevisibles, inmersos en una sociedad ‘líquida’ y ‘flotante’ -en palabras de Zygmunt Bauman(1)-, y posiblemente sumergidos en un cambio social de consecuencias aún imprecisas, puede que tengamos mayor necesidad de agarrarnos a evidencias confiables como las que ofrecen los números, sirviéndonos de anclas que nos trincan a alguna ‘roca’ de verdad estable como son las matemáticas. Y que esta vulnerabilidad frente a la incertidumbre sea la que nos incite a aceptar el uso (y muchas veces el abuso) de datos numéricos para explicar cualquier cosa aprovechando la inalterable objetividad de las ciencias. En otros términos, parece que asumimos que si lo cierto por exacto está en las cifras, los números avalan cualquier cosa que nos digan. En el caso de España esta situación se agrava por nuestro anumerismo secular. Según sentencia Douglas Hofstadter(2), paradójicamente somos muchas veces víctimas de ese abuso de los datos estadísticos, precisamente por nuestro escaso conocimiento en la materia (tal y como queda confirmado en el último informe Pisa(3)). De alguna forma, nos creemos todo aquello que viene explicado con números porque como sociedad entendemos muy poco de números… Y en estas condiciones, diariamente nos encontramos enfrentados a gran cantidad de información estadística que no está bien analizada, comprendida, ni interpretada impidiendo que cumpla su verdadera función: alumbrar objetivamente los hechos, que es la esencia de cualquier ciencia. Algunos utilizan la estadística como el borracho una farola, no para alumbrarse sino para sujetarse y no caer.

Pero ¿qué ocurre cuando técnicamente (estadísticamente) no se está planteando bien un problema, el uso de sus conceptos, su análisis y mucho menos su posterior interpretación? Ocurre que este mal uso justifica falsos argumentos que no tendrían ninguna potencia explicativa utilizando la razón generándonos sesgos de postura y opinión en la población, ya que la fuente de la que proceden actúa en el ciudadano como heurísticos de representatividad. Es decir, nos llevan a suponer que los resultados que afirman son rigurosamente ciertos sólo porque emanan de fuentes que nos inspiran confianza. Un ejemplo de ello son los medios de comunicación que no sólo son un vehículo para relatar hechos objetivos, sino que forman en gran medida la opinión pública, al ser los que suministran de manera casi exclusiva toda la información de la que dispone el ciudadano. Peor aún es el caso cuando la fuente del disparate que se apoya en estadísticas viene de la propia clase política.

 

“TENGO MIS RESULTADOS HACE TIEMPO, PERO NO SÉ CÓMO LLEGAR A ELLOS”

Esta expresiva frase de Gauss(4), -descubridor de la campana que lleva su nombre, y que alude a la distribución normal cuando la cantidad de datos es enorme-, es aplicable a muchas de las informaciones erróneas que vemos a diario. Tienen los datos pero no saben cómo llegar al núcleo de su interpretación. En algunos casos estos errores son pequeños trucos de ego sensacionalista, en otros los patinazos obedecen más que nada al desconocimiento de quien escribe, y en algunos más a la mala fe de quien publica (pero seamos buenos y este último supuesto vamos a pensar que es el menos usual…).

Para ilustrar este tipo de falacias veamos algunos ejemplos significativos:

 

EFECTOS SENSACIONALISTAS: LA FALACIA DE “BASE EXTENSA”

Consideremos el siguiente titular:

Muchas veces cuando un medio de comunicación quiere impresionar mediante un titular sobre la gravedad de una situación que afecta a toda la población, hace uso de números absolutos en lugar de porcentajes.

Cuando leemos el titular de arriba qué duda cabe que todos pensamos que 40 muertos son muchos muertos sean por accidente de tráfico, por el virus de la gripe o por asesinato. La argucia está bien pensada para llamar la atención del lector, pero informativamente hablando esta presentación de los hechos utilizando números sin compararlos con otros números se merece un cero. Los datos estadísticos no “hablan por sí mismos”. Un dato siempre hay que relacionarlo con otros datos para comprender la variabilidad que ha experimentado el caso que estamos analizando. Si la noticia se hubiera acompañado con las estadísticas de muertes por accidente de tráfico de los últimos años en periodos vacacionales de cuatro días, rápidamente el lector se daría cuenta de que no es para alarmarse más que otras veces ya que el número de muertos ni ha subido ni ha bajado, es más o menos el mismo que en cualquier otro puente similar en días. O sea, este ‘potente’ titular  apoyado en datos numéricos, en realidad ni siquiera es noticia…

En otras ocasiones la estrategia que se sigue es la inversa. El efecto sensacionalista se consigue utilizando un porcentaje en lugar de una cifra. Supongamos que leemos una noticia en prensa con el titular que afirma que en una determinada localidad las “muertes violentas han aumentado el 50% respecto del año pasado”. El susto es de primera, desde luego, pero si en lugar de darnos el incremento en porcentaje nos dijeran que la cifra de muertes violentas en esa localidad se ha incrementado de 6 a 9 personas nos habríamos ahorrado la primera arritmia de la mañana. Vemos en estos casos que la estadística no es torpe ni taimada, sino que son los que la usan ignorando sus supuestos más sencillos, o con el anhelo de que sirva a sus intereses, los que desvirtúan su potencia como herramienta de investigación para esclarecer el conocimiento.

 

APALANCAMIENTO ESTADÍSTICO

Pero las cosas pueden ir más allá de estos pequeños trucos para atraer la atención del lector y convertirse en engaños más graves amparados en nuestra confianza en las cifras. El término apalancamiento estadístico hace referencia al grado en que puede cambiar el conteo de una cosa en cuanto se altera un poco la definición de aquello que estamos contando. El ejemplo más cercano es la disociación entre el IPC que presenta el gobierno y el sensible cabreo que nos entra a los consumidores cuando volvemos de hacer la compra. “¿Si el IPC no ha subido tanto a mí por dónde se me va el dinero?”, pensamos.  El truco del gobierno está en lo que haya metido en el ‘saco’ para construir el índice. Si tuviéramos como ciudadanos explicaciones de los métodos por los que se determinan las cifras, tal vez nuestro juicio sería más claro y no volveríamos del mercado pensando que tenemos que empezar de una vez a aprender a ‘tirarnos’ sólo a las ofertas.

 

CORRELACIONES Y VARIABLES DE LA CONFUSIÓN

Lo primero que hay que aclarar es que correlación no implica causalidad (¡muy importante!). Es decir, cuando nos presentan que una variable dependiente cambia inevitablemente cuando hay una variación en la variable independiente y para respaldarlo nos aportan estudios de correlación, nos están engañando. Es así. Utilizar la correlación como causalidad no es más que la interpretación incorrecta de un concepto estadístico a la que se aferran muchas veces los políticos, los grupos de presión, los medios de comunicación o los anunciantes para probar sus propias creencias. El resto lo hace la mente humana diseñada para tratar de establecer inconscientemente vínculos entre muchas piezas de información, evitando así problemas de disonancia cognitiva al poder concluir diciendo: “esto pasa por aquello…” Lo aclararemos con el siguiente ejemplo:

Según un periódico británico(5) los resultados de una encuesta entre un grupo de adolescentes concluyó sentenciándose que los jóvenes cuyos padres fumaban eran más propensos a exhibir comportamientos delictivos. El titular en prensa decía así: “El tabaquismo de los padres hace que los niños se porten mal”, y para avalar la hipótesis se presentaba un estudio de correlación. Sin embargo, no se presentaron estudios empíricos más potentes de la causalidad entre las dos variables, ni otras hipótesis alternativas que tampoco podemos descartar sin más. Por ejemplo, que los padres de hijos rebeldes con tendencia a la delincuencia fumen más por el estrés que causa cuidar de estos angelitos. O que esté actuando como variable interviniente la clase social, ya que las clases sociales más bajas son más propensas a fumar y más propensas a tener que vivir en entornos marginales que desembocan en comportamientos delictivos en los hijos. De manera que los datos así interpretados afirman una causalidad más que dudosa. (Ahora ya podemos descubrir que la ideología personal del profesor que dirigió la investigación mantenía una cruzada personal frente al tabaquismo).

Hay que tener cuidado con este tipo de afirmaciones por mucho que se presenten avaladas por estudios estadísticos, ya que podemos terminar como aquél borracho que afirmaba que estaba convencido de que la Coca cola era lo que le emborrachaba porque no importaba si la mezclaba con whisky, con ron o vodka, el caso es que siempre terminaba borracho.

 

PORCENTAJE Y PROBABILIDAD: LA FALACIA DEL ACUSADOR

El periódico www.diario.es  publicó un artículo el día 19 de junio de 2013 titulado: “Las probabilidades matemáticas de que lo de la infanta sea un error”.

eldiarioes

 

En el artículo se explicaba que la probabilidad de que cuatro notarios se equivocasen anotando el DNI de la infanta es de 10 seguido de 30 ceros –hay también un error en cuanto al número de ceros, en realidad serían 31 ceros, pero no vamos a meternos con eso ahora-. Lo que nos interesa aquí es comprobar cómo en este caso se hizo una mala interpretación del cálculo de probabilidades. O dicho de otra forma, se analizaron las probabilidades equivocadas. Anotar un DNI no es igual que la probabilidad perfecta de sacar la bola roja de una bolsa donde además hay una bola amarilla, otra verde y otra azul, sino que depende de otros factores… El cálculo de probabilidades idóneo hubiera sido analizar la probabilidad de introducir erróneamente números de dos dígitos en los sistemas informáticos que se usan. Una equivocación que según los expertos informáticos es bastante habitual. Siendo así, la probabilidad del fallo es mucho mayor a la teórica de 1/100.000.000. Este segundo planteamiento más correcto en la aplicación de las probabilidades invalidaría la acusación inicial que argumenta el artículo. La probabilidad del error no depende aquí de la probabilidad teórica, sino de otros muchos factores humanos e informáticos en los que no vamos a entrar. Nos quedamos, de momento, sólo con la moraleja: la burocracia no juega a la ruleta.

En gran medida que nos las ‘cuelen’ así es consecuencia de la falta de una mínima cultura estadística en la sociedad que nos ayude a interpretar críticamente la información que nos ofrecen mediante datos numéricos. Sin embargo, el conocimiento estadístico será fundamental en los futuros ciudadanos para adquirir la capacidad de leer e interpretar gran parte de la información que recibimos en tablas y gráficos estadísticos, lo que ayudará a fomentar un razonamiento crítico basado en la valoración de la evidencia. Sin olvidarnos de que cada vez más profesiones, y no sólo los profesionales de los medios de información, precisan de conocimientos básicos en la materia.

La estadística debería empezar a formar parte de la cultura básica de un ciudadano formado en la capacidad de valorar lúcidamente cualquier información numérica.

 

Rosana Claver Fraile
@RosanaClaver

 

  1. Es un sociólogo, filósofo y ensayista polaco conocido por acuñar el término, y desarrollar el concepto, de la «modernidad líquida».
  2. Científico, filósofo y académico estadounidense. Premio Pulitzer en 1980
  3. http://www.mecd.gob.es/inee/estudios/pisa.html
  4. Matemático, astrónomo, geodesta, y físico alemán que contribuyó significativamente en muchos campos, incluida la teoría de números.
  5. http://www.criticalthinking.org.uk/smokingparents/)

 


Conoce nuestro Curso de Formación iS+D “Estadística Descriptiva Aplicada a las Ciencias Sociales”

1 Respuestas

Deja un Comentario