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27 ago 2014

El feminismo del punto medio

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Muchas veces rondaba por mi cabeza la necesidad de buscar una denominación al feminismo que defiendo. En uno de estos días de verano me surgió el nombre Feminismos del punto medio. ¿Y qué quiere decir?

Su lema es: “No tengo como mujer que parecerme a un hombre más de lo que un hombre tiene que parecerse a mí”.

Creo firmemente en la igualdad entre los sexos. Las mujeres y los hombres tenemos las mismas capacidades, podemos desempeñar las mismas funciones y experimentamos los mismos sentimientos. El hecho de que existan formas de posicionarse ante el desarrollo de esas capacidades o a la hora de sentir no obedece a razones biológicas, sino culturales. Es el género, es decir, la construcción social que establece el papel de los hombres y las mujeres en la sociedad, lo que hace que ambos colectivos piensen de manera diferente.

Somos educados de maneras muy distintas, de tal forma que, una vez adultos, somos seres diferentes. Pero esas diferencias pueden eliminarse. Claro está que nos estamos refiriendo a los colectivos, no a cada persona en particular.

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Ahora bien, cada vez que nos referimos al género pensamos en clave femenina. Las políticas de igualdad de género, así como la mayoría de los discursos en torno al mismo, se refieren a las mujeres, y las reivindicaciones se orientan hacia la consecución de la igualdad respecto a los hombres. Pero ¿quién dice que los hombres sean la normalidad hacia la que hay que dirigirse? ¿Por qué las mujeres tienen como objetivo conseguir ser iguales que ellos? ¿Por qué las cifras se orientan siempre hacia las carencias femeninas?

Sencillamente porque la visión de la vida y del mundo sigue siendo androcéntrica. Ellos son el modelo ejemplar a seguir. Ellos son los que tienen la batuta. Ellos son los que gozan de todo lo bueno. Ellos, ellos, ellos, ellos……..

Pues no. Las mujeres también somos un modelo ejemplar a seguir. Las mujeres también hemos desarrollado habilidades y funcionalidad buenas para la vida. Las mujeres también gozamos de muchas cosas buenas. Vamos, que las mujeres también somos imitables.

Por eso es el Feminismo del punto medio. Porque ellos tienen que aproximarse a nosotras, no como una carga que deban asumir, sino como una fuente de aprendizaje motivante. Porque las imitaciones deben ser mutuas. Porque cada colectivo, educado de manera diferente, ha desarrollado cosas buenas para la sociedad. Porque nosotras también somos importantes.

Pero, ¿cómo vamos a ser consideradas importantes si nosotras mismas tiramos por tierra buena parte de nuestras acciones? Demos aprender a valorar lo que hacemos con energía. Y debemos abandonar la visión androcéntrica para transformarla en antropocéntrica.

Esa es la razón por la que he bautizado este tipo de reivindicación de los derechos humanos como Feminismo del punto medio. Porque se centra en los derechos humanos de todas las personas. Porque analiza los déficits de mujeres y hombres respecto a cada cual. Porque considera que los hombres también tienen carencias, aunque la visión androcéntrica les haya convertido en el modelo “normal”. Porque no todo nos pasa a las mujeres. Y porque las mujeres tenemos mucho que ofrecerles, para su bienestar, para su propio conocimiento y para su felicidad.

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Mª Jesús Rosado Millán – @MJesusRosado
Presidenta de la Fundación iS+DLogo cuadrado SIN borde peq

4 Respuestas

  1. Esperanza

    Hola, me interesa, especialmente la definición que dais, sobre el punto medio.

    Aparte de investigación sobre temas sociales, actualmente estoy en Antropología Social y Cultural en la UNED, como estudiante.

    Pero si creo que como mujeres no tenemos que parecernos a nadie, sino más bien ser nosotras mismas,

    Una vez, una mujer joven para definir el feminismo, me dijo que quería llegar a ser como Ronaldo el jugador de futbol, creo que la nueva generación tiene una confusión de género, y de su identidad, gracias, un saludo

    1. Mª Jesús Rosado Millán

      Hola Esperanza,
      El feminismo del punto medio defiende que mujeres y hombres nos encontremos en la mitad del camino que ambos colectivos tenemos que andar para llegar a encontrarnos y mirarnos de frente, a los ojos.

      Es cierto que las mujeres no tenemos que imitar el modelo masculino sin más, pero ser nosotras mismas no significa que seamos diferentes. Significa que tenemos comportamientos, actitudes y formas de ser que deben imitar los hombres porque son buenas y gratificantes para ellos.

      Quiere esto decir que en algunas cosas imitar a los hombres es bueno, porque sin duda tienen muchas virtudes, pero tenemos que llevar a la sociedad al convencimiento de que las mujeres también las tenemos y por eso también somos imitables.

      Porque somos iguales en capacidades, funcionalidades y sentimientos. Se trata de acercarnos mutuamente, no de que las mujeres tengamos que recorrer todo el camino hacia ellos.

  2. Gustavo Aviña Cerecer

    Estimada Mª Jesús Rosado Millán,

    ¿Podría decirme en donde está la información científica que corrobore la aseveración de que hay “igualdad entre los sexos. Las mujeres y los hombres tenemos las mismas capacidades, podemos desempeñar las mismas funciones y experimentamos los mismos sentimientos”? Hasta ahora he encontrado abundante evidencia de las ciencias naturales, la biología, la neurofisiología, etc., de las ciencias psicológicas, del psicoanálisis y de la antropología que afirman sin lugar a dudas lo contrario. Los hombres y las mujeres compartimos capacidades y necesidades, sin duda, pero no de la misma manera en términos biopsicológicos e incluso desde estructuras orgánicas diferentes y dado que la naturaleza de lo humano es la cultura luego entonces los género son diferentes. Otra cosa es el abuso de poder que también sin duda constamente comenten hombres en contra de mujeres, pero cada día me queda más claro que luchar desde una teoría del género que afirma la igualdad entre los géneros en contra de estas injusticias es una acción equivocada.

    1. Estimado Gustavo,

      La información científica proviene de una investigación que publiqué en 2011 sobre el origen y evolución de la construcción de la identidad masculina.
      El propósito de dicha investigación estaba dirigido a conocer el momento histórico en el que se produjo la división entre los sexos y cuáles fueron las razones que llevaron a ello. Descubrí que durante el periodo Neolítico tuvieron lugar una serie de acontecimientos que revolucionaron la vida social de los grupos humanos. Estos descubrimientos fueron:

      – el descubrimiento de la paternidad biológica que transformó las relaciones entre los sexos. La paternidad es un hecho imperceptible por los sentidos, a diferencia de la maternidad que es perceptible a simple vista, lo que dio lugar a una dependencia de los hombres respecto de las mujeres para poder asegurar su descendencia biológica, y a su vez, una dependencia de las mujeres de un solo varón para poder asegurar al hombre su paternidad;

      – la sedentarización que nos hizo dependientes de un territorio para la supervivencia. Este hecho fue posible gracias a la domesticación de animales y a la aparición de la agricultura;

      – con la sedentarización hizo su aparición el sentimiento de propiedad que hasta ese momento no había existido como tal;

      – el sentimiento de propiedad y la necesidad de defender el territorio del que dependía el sustento dio lugar a la guerra, y con ella a la conciencia del poder como dominación;

      – para defender el territorio hacía falta un rápido crecimiento de la población y ello solo era posible si se protegía a las mujeres de la muerte, porque hacen falta muchas mujeres para que una población pueda crecer rápidamente.

      – todo ello llevó a que los hombres asumieran las tareas de riesgo, al ser más prescindibles puesto que con un solo hombre una población de varias mujeres sigue creciendo. Al contrario se extinguiría;

      – la asunción por parte de los hombres de las funciones de riesgo, entre las que se encontraba la guerra, hizo que fueran ellos los que experimentaran la conciencia del poder;

      – todo esto dio lugar a la dominación masculina en un triple sentido: sobre las mujeres, en la familia y entre los hombrees.

      Este tipo de organización piramidal basada en el poder como dominación, con los hombres fuertemente jerarquizados y dominantes, en general, sobre las mujeres sigue en la actualidad, aunque se han experimentado algunas variaciones. En los países en los derechos de las mujeres han avanzado más, los hombres han perdido gran parte del poder que tenían en la familia, pasando a un segundo plano en relación con los hijos. Siguen jerarquizados y sigue habiendo dominación masculina sobre las mujeres.
      Pero no en todo el mundo esta es la organización social. Existen todavía poblaciones que desconocen la unipatarnidad y las que desconocen la paternidad biológica, y sus organizaciones sociales son diferentes.

      Respecto a los estudios científicos sobre los sexos, desde que se incorpora la perspectiva de género a la ciencia ha cambiado muchos presupuestos que atañen a ambos sexos y que se habían sexuado conforme a la división existente entre mujeres y hombres. Por ejemplo, cuando se encontraba una maza al lazo de un esqueleto de mujer se atribuía a labores de molienda y cuando se encontraba al lado de un hombre se asociaba con un arma; también se atribuye al sexo femenino una enfermedad como la depresión, cuando el número de suicidios masculinos duplica, y en muchos casos triplica al femenino.

      Esta información la puedes encontrar en:

      ROSADO MILLAN, M.J.(2011). Los hombres y la construcción de la identidad masculina. Las Matas: Fundación iS+D

      Además, hay bibliografía sobre la construcción de la cultura social formada por los valores, creencias y costumbres que son construcciones sociales, es decir, creadas por la sociedad, aunque dichas construcciones no hayan sido racionalmente pensadas.

      Dentro de la sociología clásica tenemos la obra de Durkheim, y más recientemente la de Pierre Bourdieu que se refiere a la “biologización de la cultura” hasta hacernos creer que es obra de la naturaleza, cuando en realidad se trata de una elaboración humana.

      El género es una construcción social que atribuye a las personas un rol determinado en función de su sexo biológico, no porque las estructuras orgánicas sean diferentes, sino porque la conciencia de determinados fenómenos, como los que he descrito, produjeron su dosis de temor en las poblaciones que respondieron como mejor supieron para intentar neutralizar los miedos. Las respuestas fueron intencionadas pero no racionalizadas. Y de las estructuras y valores que se construyeron durante el Neolítico, seguimos nutriéndonos hoy en día.

      También son interesantes los siguientes documentos:

      BOURDIEU, P. (2000). La dominación masculina. BARCELONA: ANAGRAMA.
      CAVANA, M. L. (1991). Sobre el mejoramiento civil de las mujeres. Theodor Gottlieb von Hippel
      o las contradicciones de la Ilustración. Agora: Papeles de Filosofía (10)
      CHILDE, G. (1936). Los Orígenes de la Civilización (Primera edición, 1936; 2ª edición, 1997; 2ª
      reimpresión, 2006 ed.). México: Fondo de Cultura Económica
      DAVIS-KIMBALL, J. (1997). Warrior women of Eurasia. (A. I. America, Ed.) Archeology , 50 (1)
      DURKHEIM, E. (2000). Las reglas del método sociológico. México D.F.: Fondo de Cultura Económico
      ENGELS, F. (2000). ORIGEN DE LA FAMILIA, LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL ESTADO. Biblioteca Virtual Espartaco. Recuperado el 10 de mayo de 2009, de http://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm
      LERNER, G. (1986). The Creation of Patriarchy. New York: Oxford University Press
      MICALE, M. S. (2008). Hysterical men. The hidden history of male nervous illness. Harvard University Press
      DE LA BARRE, P. (1993). Sobre la Igualtat dels dos sexes (Vol. Collecció comunicación. Serie Feminismes). (S. d. I, Ed.) Valencia: Universitat de València
      SANAHUJA YLL, E. (2002). Cuerpos sexuados, objetos y prehistoria. Valencia: Ediciones Cátedra
      SANAHUJA YLL, M. E. (2002). Dar sentido a la arqueóloga (Vol. Vivir en femenino. Estudios de mujeres en la antigüedad). (M. D. MOLAS FONT, & E. ALMIRALL ARNAL, Edits.) Barcelona: Edcions Universitat Barcelona

      Hay mucha más literatura. Si estás interesado en el tema, estaré encantada de seguir comentando contigo.

      Un saludo

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