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20 nov 2014

Hagamos de la igualdad PALABRAS, para así transformarlas en HECHOS

lenguaje

El pasado 19 de noviembre fue publicado un artículo con título “¿Eres de los que escriben «vecinos y vecinas»?” escrito por Isabel GarzoIsabel Garzo, periodista, escritora, correctora de estilo y DirCom, en Yorokobu.es.

 

Ante afirmaciones tales como:

En ese asunto de considerar sexista el lenguaje, como en tantos otros, hay dos posiciones. Los que se indignan porque ven machismo en el hecho de que el plural mixto en castellano tenga la misma terminación que el plural masculino y los que creemos que es una regla lingüística más, creada a favor de la economía expresiva, y la acatamos sin buscar en ella connotaciones sociales o políticas de ningún tipo y, por supuesto, sin inventar formas rocambolescas de sustituir esas palabras. Así como otras discusiones podrían no tener fin, esta es bastante sencilla: el reglamento está de parte del segundo grupo de opinión, sea eso de nuestro agrado o no.

 

Supongo que todo depende de nuestra tendencia a ofendernos. De dónde coloquemos ese listón. Yo no me siento en absoluto disgustada porque se me incluya en un inocente «estimados vecinos». ¿Debería estarlo? Es una forma cortés y está correctamente escrita.

Isabel Garzo en Yorokobu.es

 

Respondo:

Como filólogo no considero un despropósito la utilización y/o creación de nuevas palabras que reflejen y hagan realidad lo que todavía hoy les cuesta a muchas/os aceptar: la igualdad entre los sexos.

Por mucha tradición lingüística que haya, el masculino no puede ni debe usarse como un plural neutro que englobe a ambos sexos, pues, además de llevar a errores de semántica, es infinítamente injusto. Máxime cuando hay estudios contrastados que establecen la creación y surgimiento del género femenino, en muchas de sus formas, en las lenguas indoeuropeas (el latín es una de ellas y, por ende, el castellano) como una extensión del masculino, entendido como “parte de” y “relativo a”.

Antoine Meillet (1866-1936), uno de los principales lingüistas franceses del siglo XX, se planteó la antigüedad del género femenino, ya que consideraba que no había evidencias claras de que inicialmente existiese una diferenciación entre el femenino y el masculino morfológicamente hablando, por lo que su oposición sería reciente.

Otro de los argumentos que Meillet esgrimía, es que si el género femenino fuese antiguo a nivel morfológico, no se observaría oposición masculino/femenino a nivel semántico, lo que significa que no existiría una palabra para padre y otra para madre, sino que, desde el principio, habría una raíz común a la que se añadirían los sufijos de género.

Mª Jesús Rosado Millán – @MJesusRosado
Presidenta de la Fundación iS+D
“Los Hombres y la Construcción de la Identidad Masculina”

Escudarse en la economía del lenguaje para justificar la utilización del lenguaje no inclusivo y, de esta forma, la perpetuación del sistema androcéntrico no es sino una excusa para aquellas personas que consideran que “lo que así es, así se ha de quedar”. Los cambios, aunque lentos, son posibles, pues los seres humanos, igual que creamos las normas, también las modificamos. ¿Acaso no ha incluido recientemente la Real Academia Española palabras como “tuit” o “chatear”?

Personalmente, como hombre (varón), rechazo cualquier tipo de lenguaje que oculte e invisibilice a otro colectivo, sea cual sea.

Por muchas normas que haya, estas pueden cambiarse. Por mucha tradición lingüística que exista, esta puede evolucionar. No es un despropósito incluir a ambos sexos en el lenguaje. Lo es seguir manteniendo (por ignorancia, o no) la cultura androcéntrica y antigua, que ha impedido e impide que la igualdad sea real.

Hagamos de esa igualdad PALABRAS, para así transformarlas en HECHOS.

Logo cuadrado SIN borde peqAntonio Rodríguez Rosado – @AntonioRRos
Secretario de la Fundación iS+D
Secretario de la Revista Prisma Social

 




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