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6 jul 2015

La profundidad de la crisis actual: ¿hacia dónde vamos?

valoresnuevos

Se cree que la actual crisis que ha asolado al mundo occidental es fundamentalmente económica, pero se trata de una crisis mucho más profunda y, como todo lo que afecta a la Humanidad, de un contenido profundamente social.

Al mismo tiempo que decrecían los indicadores económicos, crecía alarmantemente la desigualdad y, con ella, el número de personas empobrecidas a las que la vida les deparaba una profunda inestabilidad física y emocional.

Está claro que la desigualdad no es un fenómeno nuevo. Surge a raíz de la implantación del sistema patriarcal, varios milenios antes de Cristo, como consecuencia de la sedentarización con su consiguiente dependencia de un territorio para la supervivencia. Con ella aparecieron el sentimiento de propiedad y la necesidad de su defensa, dando lugar a la aparición de la guerra, con la consiguiente adquisición de una nueva conciencia: la del poder como dominación.

Pobreza

Desde entonces, todos los sistemas económicos se han sustentado sobre los pilares que se pusieron entonces: la dominación y la desigualdad social, pues las sociedades se estructuraron en forma de T invertida, en cuya base se encontraban las mujeres, la infancia y los considerados débiles, y en su columna los hombres considerados capaces, ordenados jerárquicamente. Esta estructura dio lugar a una fuerte competitividad entre los hombres para ocupar los escalones más elevados de la pirámide social.

La Revolución Francesa introdujo aires de cambio al incorporar los principios de libertad, igualdad y solidaridad dentro del marco de un concepto nuevo: los derechos humanos. La libertad fue incorporada al discurso liberal que hizo de este principio su valor fundamental. La igualdad, como valor prioritario, formaría parte de dos nuevos discursos que comenzaban a abrirse paso en su lucha por la igualdad como un derecho humano: el socialismo y el feminismo. Estos movimientos iban a caracterizar la política de los siglos XIX y XX. La solidaridad quedaba en manos de la sociedad civil, que fue organizándose en multitud de instituciones, primero de carácter benéfico y posteriormente sin ánimo de lucro.

A pesar de ello, las sociedades continuaron basándose en el poder como dominación y en la desigualdad. Hubo intentos de acabar con esta situación con las Revoluciones Socialistas, pero la práctica en los países comunistas no se apartó de la dominación, lo que hizo imposible la igualdad, tal vez por su concepción inicial como uniformidad.

Desde entonces no se han producido cambios en el sistema en lo que a la desigualdad y la competitividad se refiere, hasta el momento actual en el que esos pilares patriarcales han entrado en una profunda crisis por varias razones: por la evolución del concepto de igualdad, que ha pasado de la idea de uniformidad a la de diversidad en lo personal, orientándose hacia el acceso a los recursos para que las personas puedan desarrollarse plenamente; por el mayor acceso de la población a la educación, lo que ha supuesto un aumento de su capacidad de decisión; por la irrupción de Internet con sus flujos de información, condición indispensable para el empoderamiento ciudadano; por el exceso de producción, que ha exacerbado la competitividad hasta límites insospechados.

Esta profunda crisis de los valores que han formado parte de la cultura de la mayoría de las sociedades durante milenios hace que las sociedades se pregunten con bastante inquietud: ¿hacia dónde vamos?

Cooperación

En las posibles respuestas radica el problema: no se sabe. Por eso se van dando palos de ciego. No hay más que ver cómo están cayendo los políticos de todo el mundo y de todos los signos. Y cómo las empresas se destruyen entre sí, en una competitividad creciente que no lleva a ninguna parte, entre otras cosas por el empobrecimiento de la población que limita su capacidad de consumo.

Hacen falta valores nuevos que cimienten la sociedad del futuro. Es el momento de sustituir la desigualdad por la igualdad en el acceso a recursos equivalentes, de tal forma que se pueda elegir libremente entre varias opciones, lo que lleva a combinar crecimiento y redistribución. Además, va siendo hora de sustituir la competitividad por la cooperación, así como la idea de crecimiento ilimitado por la de sostenibilidad. Seguro que de la mano vamos mejor, no solo porque entre varios las cosas se hacen más fácilmente, sino porque genera confianza.

Logo cuadrado SIN borde peqMª Jesús Rosado Millán – @MJesusRosado
Presidenta de la Fundación iS+D

 

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