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3 sep 2015

Refugiados/as, inmigrantes y extranjeros/as


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Un niño es el mundo entero

“La muerte de un niño es una afrenta, un grito de la vida contra la muerte. Un niño muerto en la playa, en el lugar en el que se produce ese idilio del mar con la tierra y que ahí no desprende felicidad sino el terrible sonido de una noticia que llueve como el llanto en el corazón. Un niño muerto en la playa, buscando refugio en el mundo, huyendo de la guerra, escapando del cruel sonido de las armas y también del hambre”.

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En estos momentos en los que las sociedades están alcanzando sus más elevadas cotas de desigualdad desde la Revolución Francesa, estamos asistiendo al drama de miles de personas que tan solo quieren vivir con dignidad, aunque para ello tengan que desplazarse por medio mundo en condiciones deplorables.

Los medios de comunicación se refieren a la “ola migratoria” que está llegando a Europa. También se refieren al “problema de la inmigración” continuamente, haciéndose eco de las voces políticas que sueltan perlas xenófobas y racistas por doquier, porque en esta materia la globalización también ha hecho su agosto.

Inmigrantes en la valla de Melilla que separa España de Marruecos / 20minutos

Sin embargo, no es lo mismo hablar de solicitantes de asilo, de inmigrantes o de extranjeros/as. Los/as primeros/as llevan impreso en su rostro la dureza de la situación de la que escapan: guerra, terrorismo y destrucción. ¿Qué hacemos en Europa? Horrorizarnos a nivel ciudadano y muy poco, y a regañadientes, a nivel político. Esta Europa que fue cuna de la democracia y de los derechos del individuo, la Europa de la división de poderes, la Europa de la libertad, la igualdad y la fraternidad, se encuentra sin saber qué hacer, cuando lo primero que tendría que pensar es en cómo acoger a toda esta gente de la mejor manera posible. Esta Europa que promueve guerras, junto con Estados Unidos, que desangran países y luego vuelve la vista atrás cuando la gente que huye del horror se presenta ante sus puertas.

Los/as inmigrantes son personas que dejan su país porque sus condiciones de vida son precarias y buscan, al igual que los/as refugiados/as, una vida mejor. Esa que les vende la televisión y la publicidad y a la que quieren acceder como los/as que ya la disfrutan. Estas personas vienen a Europa a trabajar para poder llevar dinero a sus familias en sus países de origen. Una situación que también han vivido los/as europeos/as con sus diferentes olas migratorias. Europa responde bien a esta situación si les necesita para realizar los trabajos que sus ciudadanos/as no quieren realizar, pero les rechaza en cuanto la situación cambia y son los/as propios/as europeos/as los/as que necesitan esos trabajos.

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Centenares de refugiados/as protestan al grito de Alemania, Alemania en Budapest / EFE

Los/as extranjeros/as también son inmigrantes, pero de cuello blanco. Son personas que se cambian de país, no porque no puedan vivir dignamente en el suyo, sino porque les apetece. Estos/as disfrutan de todos los parabienes sociales y la política no tiene nada que decir, porque no son pobres.

Es la pobreza la que da lugar a fenómenos como el racismo y la xenofobia. Porque los/as pobres molestan, incordian y se perciben como enemigos/as, cuando en realidad es la desigualdad social la verdadera enemiga de la sociedad. Porque no puede haber felicidad con pobreza, ni tranquilidad, ni decencia, ni dignidad. Por eso urge redireccionar el rumbo social que cada vez es más dispar en la distribución de la riqueza. Porque un 1% de la población vive tan por encima de sus posibilidades que no tiene tiempo, ni fuerzas, para poder agotarlas todas. Porque se le pide al 99% restante (mientras más pobre, más se le pide) que trabajen para ese 1%, con el discurso falaz de que así las migajas que les sobren a los/as de arriba les caerán encima, y mientras más pan produzcan, más migajas les caerán.

El crecimiento económico debe ir acompañado de una redistribución de la riqueza que permita disponer a los seres humanos de una serie de oportunidades sobre las que poder desarrollar todas las capacidades con las nacen. De lo contrario, seguiremos levantando muros de la vergüenza.

El niño muerto en la playa podría haber sido nuestro hijo o hija, nuestro sobrino o sobrina, nuestro nieto o nieta. Pensemos en ello.

Logo cuadrado SIN borde peqMª Jesús Rosado Millán – @MJesusRosado
Presidenta de la Fundación iS+D

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