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18 jul 2016

La idea de “humanidad”: ¿una utopía?

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De nuevo una parte del planeta, en este caso Niza (Francia), es sacudido por el mazo del terrorismo. Y ante este nuevo suceso, nos preguntamos:

¿Es posible llegar a erradicar el terrorismo?
¿Cómo debemos afrontar el resto de seres humanos la irracionalidad de unos pocos?
¿Es la idea de “humanidad” algo utópico e inalcanzable?

Tal y como hemos conocimos, Niza, ciudad situada en la costa sureste de Francia, se ha convertido en el último lugar donde la barbarie humana ha sido una vez más heredera de un sistema basado en la superioridad, discriminación e intolerancia.

Más allá de las diferentes identidades religiosas, nacionales o ideológicas, existe una base sobre la que se sustentan todas ellas, y es el sistema patriarcal. Este sistema, surgido desde la revolución neolítica y a penas modificado desde entonces, colocó los cimientos sobre los que se han constituido las sociedades en casi la totalidad del planeta, repercutiendo así en los comportamientos, costumbres y hábitos de las personas que las integran.

Estas revoluciones dentro de la Revolución darían lugar al nacimiento del sistema patriarcal caracterizado por la jerarquización social y por la dominación masculina del varón sobre la hembra, y del varón sobre el propio varón. Y el mundo ya nunca fue igual. La competitividad sustituyó a la cooperación. El respeto entre las personas se transformó en dominación. Los dominantes hipotecaron su vida por el honor y la gloria; las dominadas y los dominados, su autonomía y libertad.

Los hombres y la construcción de la identidad masculina
Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

El hecho de socializar a las personas en la idea de superioridad y hegemonía, primero de hombres sobre mujeres, luego de ciudadanos sobre esclavos, para terminar con los poderosos sobre los parias, y extendiéndose así a todo el prisma social (religión, ideología, orientación sexual, cultura, etc.), ha supuesto la legitimación durante siglos de la dominación de unos seres humanos sobre otros.

Todos los constructos sociales han replicado las bases del sistema patriarcal, y todos se han adaptado al mismo. Por este motivo triunfaron las tres principales religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo), con un único dios, varón, como líder y guía, y con la figura de la mujer en un segundo plano. Del mismo modo, la filosofía, la ciencia y la historia han privilegiado los atributos y logros de los hombres, relegando a las mujeres. Y todo ello extendiéndose a todos los ámbitos y niveles de conocimiento: lenguaje, cultura, trabajo, etc.

Las influencias patriarcales llegaron hasta los filósofos griegos, los cuales desarrollaron toda una filosofía basada en la preminencia del varón sobre la hembra, sobre todo a partir de Aristóteles, filosofía que impregnaría el mundo occidental. No obstante, Oriente no se libró de las proclamas patriarcales, pues sus principales filosofías situaban al varón por encima de la hembra. La sociedad construyó un mundo que separaba a los sexos y en el que uno se consideraba superior al otro. Esto supuso la subordinación femenina, pero también impuso una serie de obligaciones a los hombres que iban a acompañarles hasta nuestros días.

Los hombres y la construcción de la identidad masculina
Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

No obstante, solo si somos conscientes de ello, será posible introducir cambios que poco a poco vayan transformando las ideas de poder, lucha, fuerza y dominación en otras como la cooperación, el respeto, la solidaridad y la igualdad.

Así, ha de prevalecer la idea de humanidad, entendida como la comunión de todas las razas, sexos, religiones y sentimientos. El ser humano puede ser cruel, salvaje e irracional, por supuesto, pero los esfuerzos globales han de centrarse en fortalecer lo positivo de las personas, su potencial como seres sociales y cooperativos.

humanidad

No somos máquinas, y por supuesto no actuamos solo por instinto. La educación se torna una vez más clave en el proceso de socialización de las personas. No podemos llevarnos las manos a la cabeza o mirar hacia otro lado cuando permitimos que poblaciones enteras sufran hambre, desidia, olvido y asfixia, tanto económica como social.

Lamentablemente, hoy en día existe un auténtico sentimiento individualista que impide en muchos casos empatizar con los problemas de otras personas. Debemos aprovechar las ventajas que la globalización, como fenómeno, nos aporta, pues la interconexión a nivel mundial no ha de ser solo en clave económica, sino social y humana.

Somos seres sociales, capaces de colaborar, de compartir y de enriquecernos entre culturas. La idea de superioridad, en cualquiera de sus manifestaciones, es un síntoma claro de ignorancia acerca del ser humano y de su diversidad.

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