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8 Mar 2017

Día Internacional de la Mujer 2017: Hacia el Feminismo del Punto Medio

Desde la Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada nos unimos a la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Hoy, 8 de marzo de 2017, se celebra el Día Internacional de la Mujer en todo el mundo. Como cada año Naciones Unidas, a través de ONU Mujereshace una conmemoración especial a toda aquellas mujeres que luchan por trabajar, por educar y ser educadas, por sus derechos y libertades, por la igualdad entre hombres y mujeres.

Este año, el lema central escogido por ONU Mujeres será “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”, en defensa de la igualdad en materia de empleo entre hombres y mujeres, con el objetivo marcado de alcanzar la plena igualdad de género en el trabajo en 2030.

Tailandia, 2015. Foto: ONU Mujeres/Pornvit Visitoran. | Kenya, 2016. Foto: CIAT/Georgina Smith. | Líbano, 2015. Foto: ONU Mujeres/Joe Saad.

Tailandia, 2015. Foto: ONU Mujeres/Pornvit Visitoran. | Líbano, 2015. Foto: ONU Mujeres/Joe Saad. | Kenya, 2016. Foto: CIAT/Georgina Smith.

Hacia el Feminismo del Punto Medio

Por Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

Cada una de las aportaciones de los movimientos feministas ha sido importante en la lucha por los derechos de las mujeres. Aunque en ocasiones se han tratado estos feminismos como si fuesen contradictorios, más bien se pueden considerar complementarios: la igualdad formal, la igualdad de oportunidades, la valorización de la feminidad, la insumisión, el derecho a una sexualidad libre, han enriquecido el feminismo creando un corpus teórico cada vez más completo sobre la condición de la mujer y su posición en el mundo.

Asimismo, han contribuido a su visibilidad social y la han sacado de su aislamiento, haciendo oír su voz. Cada corriente feminista ha destacado aspectos que han dignificado a la mujer y la han reconocido como sujeto de pleno derecho.

A pesar de ello, el camino hacia la igualdad no ha llegado a su fin todavía, y probablemente tarde mucho en llegar, si es que llega en algún momento. Ello significa que hay que seguir dándole vueltas a la teoría feminista, profundizando en los conceptos existentes, transformado alguno de ellos e incorporando nuevas ideas que contribuyan al bienestar humano.

La cuestión estriba en buscar esa igualdad en el punto medio, mediante un acercamiento mutuo entre las mujeres y los hombres.

Lo que sí se puede afirmar es que después de tres siglos de lucha feminista, se ha generado una conciencia de igualdad entre las mujeres y los hombres. Se duda sobre si la igualdad debe referirse al sexo o al género. El feminismo del punto medio diferencia entre esos conceptos, no porque se ignore que exista un continuum entre ambos, sino porque las delimitaciones conceptuales sirven para comprender mejor el mundo. Es cierto que son parcelas de la realidad percibida, pero también lo es que el hecho de que un espacio esté parcelado, no anula la vecindad. Distinguir entre sexo y género supone diferenciar entre las características genotípicas con las que se nace, del papel que se espera que los sujetos desempeñen en sociedad en función de dichas características. En definitiva, se establece una separación conceptual entre aquello con lo que se nace de aquello con lo que se crece. Teniendo en cuenta esta especificación, el género se considera una construcción social que atribuye un significado concreto al hecho de ser hombre o mujer o cualquiera de las combinaciones de ambos que puedan existir, y que da lugar a lo que se conoce como feminidad y la masculinidad.

Si se aplica el concepto de igualdad al género, se debería hacer referencia a ambos. Sin embargo, el desequilibrio de las relaciones entre las mujeres y los hombres debido a la dominación masculina, por un lado, y las demandas feministas de igualdad, por otro, han hecho que en el imaginario colectivo se suela asociar el género con la condición de la mujer y que la igualdad de género se haya concebido como igualdad de las mujeres respecto a los hombres.

El pensamiento es el que produce el sentimiento, y la manera de pensar no deja de ser una elaboración social. Para que hombres y mujeres podamos mirarnos a los ojos de frente, tendremos que cambiar las imágenes que tenemos de ambos, basadas en la desigualdad y en la diferencia.

Mª Jesús Rosado Millán
Los hombres y la construcción de la identidad masculina

El feminismo partía de la condición de subordinación de la mujer dentro del sistema social patriarcal y tenía muchas reivindicaciones que hacer. Eso ha contribuido a que la igualdad de género se haya centrado en los derechos de las mujeres. Este fenómeno no se ha producido en el caso de los hombres. Bajo el paraguas de la dominación masculina, no ha existido un movimiento que considerara al varón, no en su condición de “dominador”, sino en su condición de persona inserta en un sistema basado en una profunda desigualdad entre las personas, y por lo tanto, en la desigualdad de los hombres también. Es por ello que en el análisis del origen y asentamiento del patriarcado se observa que la dominación masculina ha existido, y sigue existiendo, sobre las mujeres, pero también entre los hombres al estar ordenados jerárquicamente en varios niveles cuya valoración social, recursos y oportunidades son muy diferentes entre unos y otros. Bajo la falacia de que todos pueden pasar de un nivel a otro compitiendo con tenacidad y tesón, se ha colectivizado a todo el conjunto haciendo que se perciba cada hombre como un ser privilegiado, evitando así que la lucha por la igualdad fuese más allá de la posibilidad de competir por ocupar los niveles superiores de la pirámide social. El hecho de que algunos hombres consigan situarse en el escalón más elevado no anula la realidad de que la mayoría no pase nunca del nivel con el que nace, o de que como mucho, solo ascienda un “peldañito”.

Es curioso que, dada ausencia de ese movimiento masculino, haya sido el feminismo el que haya dado un paso al frente incorporando a los hombres en la búsqueda de la igualdad.

“El feminismo no se circunscribe a luchar por los derechos de las mujeres sino a cuestionar profundamente, y desde una perspectiva nueva, todas las estructuras de poder, incluyendo, pero no únicamente, las de género. De ahí que, cuando se habla de feminismo, se aluda a profundas transformaciones en la sociedad que afectan necesariamente a hombres y mujeres.

Las feministas pensamos que los hombres que pertenecen a colectivos subordinados, oprimidos y discriminados por su raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, discapacidad, etc., podrían enriquecer su accionar político a partir de un análisis feminista de sus privilegios de género para entender cómo y cuánto estos contribuyen a la mantención del poder de unos cuantos hombres sobre la mayoría de los seres humanos”. 

Alda Facio y Lorena Fries “Feminismo, género y patriarcado”. Academia, Rev. Sobre Enseñanza del Derecho de Buenos Aires. Año 3, nº 6, 2005. Pág. 259-294

Es por ello que asimilar género con mujer sigue siendo androcentrismo, ya que parte de la base de que la normalidad la encarnan los hombres, lo que hace que la igualdad sea concebida como un camino que deben recorrer las mujeres.

Esta concepción plantea varios problemas:

  • Por un lado, supone la idealización de lo masculino con la consiguiente infravaloración de lo femenino.
  • Por otro, supone un gran consumo de energía para las mujeres al tener que “andar corriendo” para alcanzar a los hombres.
  • Por último, impide ver a estos últimos los problemas derivados de su condición de tales haciendo que “los árboles no les dejen ver el bosque”.

La cuestión no estriba en que las mujeres tengan que ser iguales que los hombres. No se trata de que el modelo a imitar sea el masculino. Se trata de que la masculinidad incorpore aquellas cualidades de la feminidad que son positivas para la vida en sociedad y de que la feminidad haga lo mismo con los aspectos positivos de la masculinidad. Se trata de incorporar lo bueno de cada género y dejar de lado lo pernicioso. Se trata de respeto mutuo, porque no hay dueños ni amos y ningún sexo intenta imponerse al otro. Se trata de que no exista dominación sino capacidad para la acción. En definitiva, se trata de la deconstrucción del género, del reconocimiento de las capacidades humanas diversas y su potenciación con independencia del sexo, la edad o del lugar en el que se nazca.

El feminismo del punto medio es un feminismo de reconocimientos positivos. Porque sin buscar justificaciones a los actos propios y ajenos intenta comprender el origen y las causas de los comportamientos humanos. Por eso incorpora la masculinidad al lado de la feminidad y analiza el origen de la separación entre los sexos, así como las causas que llevaron a la instauración del patriarcado como sistema social. Para el feminismo del punto medio es importante incorporar el análisis de la masculinidad, desde el convencimiento de que el reconocimiento del otro ayuda al reconocimiento propio.

El Feminismo del Punto Medio incorpora la masculinidad al lado de la feminidad y analiza el origen de la separación entre los sexos.

Al incorporar la masculinidad dentro del análisis de género, surge una primera pregunta: ¿Por qué a los hombres les está costando tanto trabajo reconocer a las mujeres en pie de igualdad? Tal vez porque temen reconocerse a sí mismos, y con ello, descubrir su vulnerabilidad, o tal vez porque la creencia de dominadores les hace pensar que descienden de categoría si se reconocen iguales. Es todo lo contrario de lo que les ha pasado a las mujeres, ya que al reconocer a los hombres, se han reconocido a sí mismas, hecho que en ocasiones ha inducido a la imitación, dando como resultado una asimilación de lo masculino en contradicción con los propios valores femeninos.

Esta identificación del hombre como el referente ha hecho que, en muchas ocasiones, se haya reivindicado la igualdad respecto al mismo. Es cierto que eso permitió avanzar en la independencia de las mujeres, pero supuso la asimilación de muchos aspectos de la masculinidad sin que se hubiese analizado si eran beneficiosos para el desarrollo personal y social, o constituían cargas difíciles de sobrellevar, y lo que es peor, el escondimiento de algunas cualidades femeninas que no hay por qué infravalorar, sino todo lo contrario. El feminismo de la igualdad y el de la diferencia representaron la búsqueda de la igualdad y el reconocimiento de la feminidad en positivo, pero cada uno por separado como si fuesen contradictorios en vez de complementarios. La cuestión estriba en buscar esa igualdad en el punto medio, mediante un acercamiento mutuo entre las mujeres y los hombres.

Por otro lado, los feminismos vinculados a las ideologías políticas, ideadas y organizadas por hombres, ofrecen perspectivas de género diferentes: unos ofreciéndoles a las mujeres “un trozo de la tarta patriarcal” y otros estructurando acciones cuya finalidad era la obligada y necesaria protección de la mujer, si bien postergando el empoderamiento femenino como meta a largo plazo. Eso no significa que ambas posiciones no tuvieran su lado positivo. En el primer caso, porque la búsqueda de la igualdad, aunque fuese androcéntricamente, no dejaba de ser un estímulo positivo para las mujeres desde el momento en el que tenían unas metas que alcanzar. En el otro, porque la protección era indispensable al encontrarse la mujer en una situación de total desprotección frente a situaciones que atentaban contra su integridad física y psíquica sin que existiera un marco legal y social al que poder acogerse.

En definitiva, se puede afirmar que todas las corrientes feministas han sido importantes para la consideración de la mujer como sujeto autónomo e independiente, no subordinada al dominio patriarcal.

Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

Licenciada en Sociología y Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Desempeñó su carrera profesional como Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, Funcionaria del Cuerpo de Técnicos Superiores de la Administración General de la Comunidad de Madrid. Actualmente ostenta el cargo de Presidenta de la Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada.

Ha participado en numerosas investigaciones sociales relacionadas con el análisis de la realidad social, estudios de género, la satisfacción de los/as usuarios/as de los servicios públicos, el clima laboral y resistencia al cambio.

 



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