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6 Oct 2017

Reflexiones sobre el pensamiento feminista como pensamiento crítico

De la mano de Elena Apilánez Piniella, investigadora y experta en estudios de género, iniciamos una nueva serie de entradas en el Blog de la Fundación iS+D titulada “Pensamiento Feminista”. Se tratará así de un espacio para la reflexión crítica del pensamiento y teoría feministas.

¿El mundo administrado o la más bella historia del mundo?¹

Reflexiones sobre el pensamiento feminista como pensamiento crítico

Mi intención en este artículo es esbozar una reflexión –a modo de collage espontáneo– sobre el potencial y la cualidad crítica del pensamiento feminista a partir de las siguientes preguntas: ¿es posible entender el feminismo como un pensamiento crítico?; si esto fuera así, ¿cuáles serían los principales elementos que pueden definir al pensamiento feminista como crítico?; y, finalmente, ¿tiene el marco categorial elaborado por el pensamiento feminista poder suficiente para pensar críticamente el proyecto de la modernidad occidental que fundamenta las bases estructurantes del patriarcado moderno?

El mundo en el que viven las mujeres, no es el mundo, es una parte administrada de él – Amelia Valcárcel, 2012

Se desarrollan algunas ideas al respecto desde una perspectiva histórica, centrándome en dos de los momentos críticos más importantes para el pensamiento feminista: el momento en que el pensamiento ilustrado afianza la exclusión secular de las mujeres y puede entenderse como el momento fundacional del patriarcado moderno y la contestación del feminismo incipiente en el que el pensamiento feminista pasa de la queja a la vindicación; y el encuentro con la otra coincidiendo con la mundialización del movimiento feminista (años 60 y 70 del siglo XX), como momento en que el pensamiento feminista, en su marco de tradición europea, entra en crisis y propone la urgencia de revisitar sus categorías políticas fundacionales desde, principalmente, las propuestas postcoloniales.

Parto de la premisa de que el pensamiento y la teoría feminista, en primera instancia, develan hechos y problemas que, aun siendo relevantes para la vida social, no lo eran –ni lo son– tanto para las ciencias en general y, en segunda instancia, hacen emerger profundas dudas respecto de aquellas premisas teóricas consideradas universales además de proponer su reformulación crítica: igualdad, ciudadanía, patriarcado, capitalismo, colonialismo o libertad son algunos buenos ejemplos de conceptos universales adoptados como abstracciones homogeneizantes desde la perspectiva masculina que son reformulados críticamente desde el feminismo con la pretensión de convertirlos en categorías de análisis político con fines transformadores para la práctica política feminista.

En este caso, el pensamiento feminista refuta al pensamiento patriarcal en tanto este ha construido históricamente una o varias tesis sobre el mundo, un mundo en el que las mujeres no son administradoras, siguiendo la cita de Valcárcel, sino que son meros objetos administrados cuyo destino, al parecer, es estar al servicio permanente de los varones. Visto así, el pensamiento feminista es, en sí mismo, un pensamiento polémico con fuertes aires de ironía crítica que desarrolla un profundo cuestionamiento del pasado con el fin de reconstruirlo para entender el presente desde otros puntos de vista.

“Si todos los hombres nacen libres, ¿Por qué las mujeres nacen esclavas? ¿No tienen que serlo, si el estar sujetas a la voluntad inconstante, incierta, ignota y arbitraria de los hombres, es la perfecta condición de la esclavitud?” – Mary Astell, 1730

¹ “La más bella historia del mundo” es una forma de parafrasear una alusión que Victoria Ocampo hace a Virginia Wolf unos años después de que ésta haya publicado su libro de ensayos “Un cuarto propio”. Ocampo le escribe a Wolf que “la deliciosa historia de la hermana de Shakespeare que de modo tan Inimitable cuenta usted, es la más bella historia del mundo. Ese supuesto poeta (la hermana de Shakespeare) muerto sin haber escrito una sola línea, vive en todas nosotras, dice usted. Vive aún en aquellas que, obligadas a fregar los platos y acostar a los niños, no tienen tiempo de oír una conferencia o leer un libro. Acaso un día renacerá y escribirá. A nosotras toca el crearle un mundo en que pueda encontrar la posibilidad de vivir íntegramente, sin mutilaciones”. Ocampo, Victoria (1934).- Carta a Virginia Woolf. En Revista de Occidente, año 1993, nº 146-147, pp. 107-112. Número especial dedicado a La recepción de lo nuevo: antología de la Revista de Occidente (1923-1936). El ensayo de Wolf al que se hace referencia se puede encontrar en Woolf, Virginia (1993).- Un cuarto propio y otros ensayos. Ed. A-Z Editora, Buenos Aires (Argentina).

Elena Apilánez Piniella

Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universidad de Oviedo), su trayectoria profesional se ha vinculado durante 25 años a la solidaridad y la cooperación internacional en varios países de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Honduras, Panamá, Perú y República Dominicana).

Su trayectoria académica se centra en el estudio del pensamiento feminista a través de varios postgrados y una Maestría en Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía con especialidad en investigación, realizada en el Instituto Interuniversitario de Estudios de Género (IIEDG) conformado por diversas universidades catalanas. También cuenta con una Maestría en Estudios Críticos del Desarrollo por el Postgrado en Ciencias del Desarrollo (CIDES) de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz, Bolivia).

Actualmente se dedica a la investigación, la asesoría y a la formación, principalmente en estudios feministas y en violencias machistas y patriarcales así como en teorías críticas del desarrollo y nuevas propuestas para la solidaridad y la cooperación internacional.






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