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30 Oct 2017

Alain Touraine y el feminismo como movimiento social. Un diálogo crítico

Presentamos una nueva entrada de la serie “Pensamiento Feminista” de nuestro Blog, a cargo de Elena Apilánez Piniella, investigadora y experta en estudios de género, en la que propone un diálogo crítico sobre el movimiento feminista en base al planteamiento de Alain Touraine, sociólogo francés cuyas principales investigaciones tratan sobre la sociedad post-industrial y los movimientos sociales.

Alain Touraine y el feminismo como movimiento social
Un diálogo crítico

Mi intención no es hacer una revisión in extenso de la tesis de Alain Touraine para la definición y análisis de los movimientos sociales sino, más bien, desarrollar un diálogo crítico con su planteamiento sobre el movimiento feminista¹ como un movimiento cultural (eso sí, de “liberación”) y no tanto social. Para ello, he escogido tres textos escritos en dos momentos determinados y que guardan entre sí la suficiente distancia temporal (veintitrés años) como para poder evidenciar, si fuera el caso, los cambios habidos en sus planteamientos. Además, me interesa especialmente poner en duda la calificación del movimiento feminista como movimiento cultural partiendo de dos de los criterios fundamentales que Touraine desarrolla para caracterizar a los movimientos sociales: el que se refiere al conflicto social central y la lucha por la historicidad contenida en el mismo y el que supone la indisociabilidad entre movimiento social y clase social.

“Los movimientos sociales no son respuestas a preguntas sino interpretaciones de la sociedad” – Alain Touraine, 1979

En 1984, Alain Touraine² definía el movimiento social -diferenciándolo de otros dos tipos de conflictos sociales: las conductas colectivas y las luchas- como un tipo específico de acción conflictiva colectiva que tiene como fin “transformar las relaciones sociales de dominación social que se ejercen sobre los principales recursos culturales, la producción, el conocimiento (y) las reglas éticas” (1986:104). Esta definición se amplía al considerar
que el movimiento social posee una especificidad clara, a saber, el paso por un “conflicto social central” que enfrenta estructuralmente a una clase dirigente (que, a su vez, extiende su dominio a modelos, recursos culturales, formas de producción y sistemas políticos) con una clase dominada; aunque, como él mismo afirma, no hay movimiento social que pueda abarcar la totalidad de situaciones sociales conflictivas ni recoger, en su seno, la variedad de posiciones del cambio social.

Unido a ello, la caracterización más presente en la tesis de Touraine es la que tiene que ver con la relación inseparable o, más bien, indisociable, entre movimiento social y clase definiendo a esta como un actor social, es decir, como un sujeto (completo en sí mismo) de y para la acción conflictiva y situado en ella. De esta forma, la propuesta es, ni más ni menos, “hablar de movimientos sociales en vez de clases sociales (…). Entonces, una clase es la categoría a nombre de la cual un movimiento lleva a cabo su acción y (…) la define en su identidad” (1986:114); esta acción, obviamente, está mediada por el conflicto central entre clase dominante y clase dominada, definidas ambas en función de su posición en la estructura de relaciones sociales de producción y en la posibilidad o no de hacerse con los modelos culturales hegemónicos y con la historicidad. Y, al igual que para la clase, un movimiento social precisa de dos condiciones previas: la conciencia de sí y una ideología, aunque ambas puedan, en los primeros momentos, autopercibirse difusas.

Ahora bien, Touraine explicita diferencias entre movimiento social (clase social), movimiento cultural y movimiento sociopolítico y, aunque las tres formas de acción colectiva mantengan entre sí algunas similitudes, el interés de Touraine se centra en analizar sus diferencias que, en esencia, suponen la existencia o no de una combinación fundamental: “la referencia a un campo cultural y la conciencia de una relación social de dominación” (1986:115). Esta combinación, a su vez, forma parte inherente de la definición de movimiento social como clase social. En cualquier caso, pese a que Touraine propone el desglose de las diferencias, no llega a explicitar las mismas en el texto de 1984, sino que, simplemente, al menos en el caso de la clasificación del movimiento de las mujeres -que define como “el movimiento cultural más importante actualmente” (1986:115)-, reconoce que este tan solo implica el cuestionamiento de un modelo cultural en el que se inserta una dimensión social (por eso es, más bien, un movimiento sociocultural) y, por ello, no lo identifica como movimiento social estricto sensu.

¿Dónde están los movimientos sociales? Y aparecieron ellas – Laia Facet, 2016

A mi entender, la indisociabilidad que Touraine plantea entre clase y movimiento social y, unido a ella, la caracterización del conflicto central como “el” conflicto de clases, es lo que hace bastante improbable que Touraine pueda identificar al movimiento feminista como un movimiento social, si bien puede decirse que el conjunto de las cualidades que Touraine asume como definitivas en la caracterización de movimiento social son fácilmente identificables en el movimiento feminista; a saber, la transformación de las relaciones sociales de dominación y, por ende, la posibilidad de hacerse con y transformar los modelos culturales hegemónicos, la conquista de la dirección social de la historicidad, la conciencia de sí, la existencia de una ideología que sustente al movimiento y la combinación esencial de alguno de estos factores que refiere a lo ya indicado más arriba: “la referencia a un campo cultural y la conciencia de una relación social de dominación” (1986:115).

¹ Touraine habla siempre (o casi siempre) de movimiento “de las mujeres” sin utilizar el término feminismo para caracterizarlo.

² Si bien el texto que se toma como referencia para este ensayo fue publicado en 1986 formando parte de la compilación realizada por Francisco Galván (ver Bibliografía), el mismo se publica por primera vez en 1984 en la Revista francesa de sociología (Enero-Marzo) (París).

Elena Apilánez Piniella

Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universidad de Oviedo), su trayectoria profesional se ha vinculado durante 25 años a la solidaridad y la cooperación internacional en varios países de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Honduras, Panamá, Perú y República Dominicana).

Su trayectoria académica se centra en el estudio del pensamiento feminista a través de varios postgrados y una Maestría en Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía con especialidad en investigación, realizada en el Instituto Interuniversitario de Estudios de Género (IIEDG) conformado por diversas universidades catalanas. También cuenta con una Maestría en Estudios Críticos del Desarrollo por el Postgrado en Ciencias del Desarrollo (CIDES) de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz, Bolivia).

Actualmente se dedica a la investigación, la asesoría y a la formación, principalmente en estudios feministas y en violencias machistas y patriarcales así como en teorías críticas del desarrollo y nuevas propuestas para la solidaridad y la cooperación internacional.



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