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24 Nov 2017

Crítica feminista al ideal de ciudadanía universal

De la mano de la investigadora y experta en estudios de género, Elena Apilánez Piniella, traemos una nueva entrada de la serie “Pensamiento Feminista” de nuestro Blog.

Así, a través del siguiente artículo llevará a cabo una revisión de la crítica a la ciudadanía universal de Iris M. Young, experta estadounidense en teoría política y feminismo, que centró sus estudios en la naturaleza de la justicia y las diferencias sociales.

DE ABSTRACCIONES HOMOGENEIZANTES A PROBLEMAS CONCRETOS:

Una revisión ampliada de la crítica a la ciudadanía universal de Iris M. Young

¿Qué tanto de universal hay en el concepto ideal de ciudadanía presente en el pensamiento político moderno si es evidente que buena parte de la población fue (y es) excluida de la idea y de la práctica subyacente en el mismo, en tanto que esta mantiene situaciones de opresión y exclusión?

El mundo en el que viven las mujeres, no es el mundo, es una parte administrada de él.
Amelia Valcárcel

La crítica feminista al ideal de ciudadanía universal se ha centrado en evidenciar la inherente relación entre la conceptualización de ciertas abstracciones homogeneizantes directamente vinculadas al mismo y la razón patriarcal subyacente en estas de tal forma que la propia genealogía de la idea (desde sus primeros fundamentos hasta la actualidad no ha logrado deshacerse de los sesgos masculinistas con los que nació y que fueron intensamente profundizados a partir del siglo XVIII en base a la ideología del contrato social.

En efecto, los estudios sobre la conformación ideológica del patriarcado moderno y su impacto en la consecución de la ciudadanía de las mujeres establecen un sinfín de relaciones causales entre la ideología del contrato social y la ideología del contrato sexual y la concreción de las mismas se hace patente en la presencia de fuertes dicotomías jerarquizantes que parecen caracterizar las formasen las que se estructura desigualmente el espacio público-político. Estas y otras preocupaciones son parte de la elaboración crítica que desarrolla Iris M. Young en su propuesta de ciudadanía diferenciada y que trataré de esbozar de manera ampliada en las siguientes páginas.

Si todos los hombres nacen libres, ¿por qué las mujeres nacen esclavas? ¿No tienen que serlo, si el estar sujetas a la voluntad inconstante, incierta, ignota y arbitraria de los hombres, es la perfecta condición de la esclavitud?
Mary Astell

El confinamiento racionalizado de las mujeres en la esfera privada y la sistematización del pensamiento misógino en la Modernidad: un punto de partida sobre el problema de la (¿no?) ciudadanía de las mujeres

Posiblemente, la tesis subyacente en los análisis de Iris M. Young (1995) sobre la ciudadanía diferenciada presupone que las mujeres no han logrado un estatus de ciudadanas suficiente como para que ello les permita mantener una condición de paridad respecto de los hombres en su relación con el estado; de esta forma, las mujeres siguen estando, al decir de Marcela Lagarde (1993), cautivas, es decir, sin poder en el proceso de construcción de una identidad que ha sido fuertemente vinculada a la naturaleza y, por ello, según Young y las teóricas feministas, su acceso al espacio público y político, al espacio de la razón y del contrato, al espacio de lo ciudadano y del derecho se hace en condiciones de desigualdad y desventaja.

Si bien el pacto original a partir del cual la sociedad de los ciudadanos (la mayor parte hombres) fundados espacios diferenciados (el público y el privado) y ubica en ellos respectivamente a hombres y mujeres será el punto de partida del origen de esta, digámoslo así, “no ciudadanía” de las mujeres en la construcción de los estados-nación de la modernidad europea, la Antigüedad Clásica Europea es la que construye los cimientos del confinamiento racionalizado de las mujeres en el espacio doméstico (Sarah B. Pomeroy, 1999).

Si hubiera que definir la democracia podría hacerse diciendo que es una sociedad en la cual no solo es permitido, sino exigido, ser persona.
María Zambrano

Estos cimientos serán los que ubiquen a las mujeres en la esfera doméstica, racionalizando y sintetizando este pensamiento misógino a lo largo de la historia de la modernidad y estructurando los fundamentos filosóficos y simbólicos a partir de la universalización de los aportes dela filosofía política clásica sobre el concepto de ciudadanía.

La Antigüedad Clásica Europea (Pomeroy, 1999), entonces, parece haber sentado las bases para construir los fundamentos del patriarcado moderno reafirmados en el siglo XVIII por los preceptos ilustrados de la Revolución Francesa y postulados ampliamente por Rousseau y los filósofos clásicos del contrato social; la construcción filosófica derivada de la Ilustración afirmó la incompetencia natural delas mujeres lo que las impediría desarrollar la capacidad de raciocinio y, por lo tanto, de participar en la vida pública (en su sentido político) de las sociedades, constituidas ya como sistemas protodemocráticos en torno a los cuales se institucionalizaba el estado como articulación estructurada de un sistema legal y normativo que se diseñaba en filosofía, simbolismo y contenido a imagen y semejanza del patrón masculino universal (Young, 1996; Mackinnon, 1995; Pateman, 1995; Amorós, 2000; entre otras).

Elena Apilánez Piniella

Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universidad de Oviedo), su trayectoria profesional se ha vinculado durante 25 años a la solidaridad y la cooperación internacional en varios países de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Honduras, Panamá, Perú y República Dominicana).

Su trayectoria académica se centra en el estudio del pensamiento feminista a través de varios postgrados y una Maestría en Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía con especialidad en investigación, realizada en el Instituto Interuniversitario de Estudios de Género (IIEDG) conformado por diversas universidades catalanas. También cuenta con una Maestría en Estudios Críticos del Desarrollo por el Postgrado en Ciencias del Desarrollo (CIDES) de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz, Bolivia).

Actualmente se dedica a la investigación, la asesoría y a la formación, principalmente en estudios feministas y en violencias machistas y patriarcales así como en teorías críticas del desarrollo y nuevas propuestas para la solidaridad y la cooperación internacional.



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