Fundación iS+D | ismasd@isdfundacion.org | +34 91 630 09 58

Blog

16 May 2018

Diario contra el acoso sexual: Inés, Técnica en RR.HH.

A continuación recogemos el tercer testimonio del “Diario contra el acoso sexual” del Blog de la Fundación iS+D, un espacio para que las mujeres de cualquier parte del mundo puedan contar su historia (de manera anónima o no) y su testimonio acerca del acoso sexual que hayan sufrido en algún momento de sus vidas.

Asimismo, queremos agradecer todo el interés e implicación que esta iniciativa está teniendo y todos los testimonios que estamos recibiendo en estos días.

Testimonio 3
Inés – Técnica en RR.HH.

La semana pasada me encontraba cenando con una pareja amiga mía. Inevitablemente, salió el tema de la sentencia de la ya conocida “manada”. Piara, más bien, diría yo, aunque los animales no tienen culpa. En fin, ellos me discutían sobre el caso, que qué hacía sola, borracha y en un lugar que no conocía, yéndose con un grupo de extraños.

En ese momento de la conversación exploté, a mí me ocurrió en mi pueblo, en un sitio que conocía bien, tan bien que estaba a 50 metros de mi casa, y en este caso sí conocía al chaval, de toda la vida, aunque nunca nos habíamos dirigido la palabra, y no, no estaba sola, estaba con mi grupo de amigos.

Me costaba salir a la calle sola, en cierto modo, me daba miedo, aún hoy me pasa, cada vez que le veo.

Al final de la noche, dispuesta a irme a mi casa, a unos 200 metros de donde me encontraba, y  después de unos cuantos mojitos (sí, las mujeres también tenemos derecho a beber, ¿lo sabíais?) este personaje estaba esperándome. Me tomó la mano y me dirigió hacia un camino de tierra que había cerca, y allí abusó de mí. Y sí, digo “abusó”, para no faltar a las leyes de este país (España), porque en este caso no hubo intimidación, ni violencia, realmente porque yo sabía quién era, y medio en coma, me fui con él.

La cosa cambió cuando, al rato, me empecé a dar cuenta de lo que estaba pasando, recogí mi ropa y me fui hacia mi casa, momento que aprovechó para perseguirme y en este caso, decirme que como contase algo me iba a enterar. Por suerte para mí, desgraciadamente para él, mis pobres neuronas atiborradas de mojito reaccionaron a tiempo para darle un puñetazo en la mandíbula y entrar en casa.

Después de aquello, me costaba salir a la calle sola, en cierto modo, me daba miedo, aún hoy me pasa, cada vez que le veo. Olvidé decir que por aquel entonces yo era menor de edad, y no fui a la única que se lo hizo.

Por desgracia, esta no fue ni la primera ni la última vez que sufrí acoso o abuso por parte de un hombre.

Recuerdo también mi primera relación sexual. El día anterior nos habíamos besado, y ya estábamos en una cama. A la media hora de llegar, me preguntó si quería hacerlo con él y le dije que no. A la hora, me lo volvió a preguntar, no sé si fue por no oírle más o realmente fue la curiosidad lo que me impulsó a decir que sí. Teníamos 14 y 15 años. Durante dos años, nos acostábamos cada vez que nos veíamos, al principio era cariñoso, incluso me pidió salir, pero él no podía contárselo a nadie. ¿La razón? Hacía lo mismo con otras 10 muchachas. La última vez que nos acostamos (que él se acostaba conmigo realmente, porque yo me tumbaba y él hacía el resto) me di cuenta de que era la primera vez que me besaba, en mucho tiempo. Mucho. En ese momento, y tonta de mí por no haberme dado cuenta antes debido a mis hormonas adolescentes y pajas mentales, caí en la cuenta de que esas eran sus únicas intenciones.

Se han restregado contra mí en el metro, me han cogido por la calle para obligarme a entrar en discotecas, y un sinfín de piropos callejeros.

Meses después, tuve una relación con alguien que me sacaba 6 años. Al principio todo era maravilloso, hasta que empezaron los celos. Esa relación la terminé con 18 años, después de dos (sí, debe ser el número mágico en el cual se me quita la gilipollez del amor romántico), y después de decirme que se mataría si le dejaba. Gracias (a quien sea) porque ahora está en tratamiento psiquiátrico.

Después (sí, otros dos años) compartí mi vida con una especie de adolescente que me trataba como a su madre.

Y no, ni soy madre de nadie, ni tengo que aguantar tus pajas mentales.

Estos han sido los hombres de mi vida, y me quedo con lo que he aprendido.

Por desgracia, no han sido los únicos que se han aprovechado de mi (anterior) ingenuidad. Se han restregado contra mí en el metro, me han cogido por la calle para obligarme a entrar en discotecas (ganado femenino, ya tú sábe), y un sinfín de piropos callejeros que me apetece una mierda escuchar.

De todo se aprende, yo, ahora, contesto.

Inés
Técnica en RR.HH. – Madrid (España)

Si eres mujer, has sufrido acoso en algún momento de tu vida y quieres contarlo (de manera anónima o no), ponte en contacto con nosotros/as y publicaremos tu testimonio:

✉ comunicacion@isdfundacion.org

? +34 91 630 09 58



Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

 

Subscribirse al Blog