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11 Sep 2019

10 Experimentos Psicosociales que revolucionaron las Ciencias Sociales

¡Hola investigadores e investigadoras! Un día más, os traigo una entrada sobre los 10 grandes experimentos psicosociales de la historia. Se trata de una recopilación de experimentos psicosociales que revolucionaron las Ciencias Sociales y Humanas a lo largo de todo el siglo XX, y cuyos resultados pueden relacionarse con fenómenos y hechos sociales que se siguen produciendo hoy en día.

Espero que os guste y, si es así, espero vuestros comentarios en la parte de abajo de este post. Además, haciendo clic en cada uno de ellos podrás ver el artículo completo, con toda la información detallada sobre el experimento, su historia, videos e imágenes exclusivas.

¿Estáis preparados/as? Aquí van los 10 Experimentos Psicosociales que revolucionaron las Ciencias Sociales en el siglo XX:

1. La influencia social (Asch, 1951-52)

La finalidad del experimento psicosocial de Solomon Asch era conocer cuáles eran las tensiones psicosociales que empujaban a una persona a actuar en contra de sus creencias, valores e, incluso, de su percepción.

En esta investigación, todas las personas del experimento son actores salvo una, que es la persona a la que se está investigando. Se les pide que comparen parejas de cartulinas, la primera con una sola línea y la segunda con tres líneas, y los participantes deben identificar qué línea es idéntica en ambas cartulinas. Al principio, las respuestas son correctas, pero cuando se repite la prueba todos ofrecen la misma respuesta errónea, salvo el sujeto de estudio, quien poco a poco va cayendo en la trampa y acaba afirmando que la respuesta correcta es la misma que han dicho sus compañeros/as.

Los resultados de este experimento ponen de relieve la gran influencia que tienen sobre nuestra propia elaboración de creencias y opiniones de los demás. También muestra que en algunos casos somos fácilmente manipulables, ya que si en algo obvio y objetivo como decir qué dos líneas son iguales podemos cambiar nuestra opinión o creencia por la presión del resto, si nos centramos en asuntos más subjetivos como ideales, tendencias políticas, gustos o modas (por poner algunos ejemplos) la variación de nuestros propias creencias puede ser muy elevada.

2. La obediencia a la autoridad (Milgram, 1961)

La finalidad principal del experimento de Stanley Milgram era determinar cuántas personas estarían dispuestas a infligir la máxima descarga sobre personas inocentes, a las cuales nunca habían conocido antes y de las que no habían recibido ningún tipo de daño ni perjuicio con anterioridad.

En el estudio participaban tres personas: el investigador, el cómplice y el sujeto crítico. Se les reunía en una sala y se pedía al cómplice y al sujeto crítico que extrajeran un papel que determinaría su rol. En ambos papeles ponía “maestro”, pero el sujeto crítico no lo sabía, así que siempre ejercía de maestro. Por ende, el cómplice siempre actuaba de “alumno”. El maestro debía leer una sola vez los 40 pares de palabras y el alumno debía memorizarlas. Una vez hecho esto, el maestro empezaba a leer solo la primera palabra de cada par y daba al alumno 4 posibles respuestas, entre las cuales el alumno debía elegir la correcta. Si fallaba, se le empezaba dando una descarga de 15 voltios y aumentaba progresivamente con cada fallo (de 15 en 15V) hasta alcanzar los 450V.

Los resultados que obtuvo Milgram fueron tan sorprendentes como desalentadores. Solamente el 35% de los sujetos críticos desobedeció al investigador y se negó a continuar con el experimento hasta el final, incluso cuando ya no oían los gritos de dolor del alumno, pudiendo entender que éste había perdido el conocimiento. Se debe señalar que en la gran mayoría de los participantes se podía observar un gran estrés o incomodidad, sobre todo, llegados a los puntos finales.

3. Una clase dividida (Jane Elliot, 1968)

La finalidad del experimento psicosocial de Jane Elliot llevado a cabo en 1968 era concienciar al alumnado de los efectos de la discriminación, tanto en quien la ejerce como en quien la padece. Esta profesora de primaria decidió llevar a cabo un ejercicio pedagógico sobre la categorización social con sus alumnas y alumnos a raíz de la muerte de Martin Luther King.

Consistió en dividir el aula en dos grupos en función del color de los ojos. De esta manera, a los niños y niñas que tuvieran los ojos azules la profesora les diría que son superiores y más inteligentes que los de los ojos marrones y por eso tenían derecho a ir al recreo o podían repetir la comida. Mientras, a los/as niños/as de ojos marrones les diría que son más lentos/as, menos inteligentes y más torpes, por lo que no podrían disfrutar de los privilegios de los/as primeros/as.

Los resultados del experimento se vieron rápidamente cuando comenzaron las peleas entre ambos grupos y las discusiones en clase. Amigos/as de toda la vida se veían ahora enfrentados/as simplemente por el hecho de que les habían dicho que eran diferentes. Este tipo de experimentos nos ayuda a saber cómo y por qué se produce la discriminación y se justifica la intolerancia entre grupos sociales.

4. La cárcel de Stanford (Philip Zimbardo, 1971)

La finalidad del experimento de Zimbardo era estudiar cómo se produce la adopción de roles asignados a individuos y grupos y cómo los roles influyen e incluso cambian la conducta y las expectativas de éstos.

Fue realizado en 1971 por Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford y consistió en recrear una pequeña cárcel en los sótanos de la Facultad de Psicología, donde se reunió a una serie de voluntarios a los que se separaría aleatoriamente en dos grupos: la mitad serían guardas y la otra mitad reclusos.

Los resultados no fueron inmediatos, dado que al principio, ninguno de los dos papeles estaba fuertemente interiorizado, de hecho se podían apreciar bromas y buen ambiente. Sin embargo, el segundo día, bajo sorpresa del personal investigador, hubo una rebelión. Los reclusos se quitaron las medias de la cabeza y los números e hicieron barricadas con las camas en las puertas de las celdas, mientras se burlaban de los guardas. Cuando llegaron los guardas de la mañana se enfadaron con los de la noche por no ser capaces de guardar el orden. Llamaron a los otros 3 guardas y entre los 9 consiguieron calmar los ánimos y restablecer el orden. Después de lo sucedido desnudaron a todos los reclusos y les quitaron las camas. En este punto empezaron las humillaciones, ya que se dieron cuenta de que 3 guardas no podían contra 9 reclusos, así que pasaron de los posibles castigos físicos a los psicológicos.

5. Estilos de liderazgo (Kurt Lewin, 1939)

La finalidad del experimento psicosocial de Kurt Lewin fue analizar de qué manera es condicionado el comportamiento de los individuos según el estilo de liderazgo con el que se les dirija. Este experimento surgió en un contexto social en el cual la mayoría de las investigaciones iban encaminadas a explicar la conducta que tuvieron los nazis bajo el mando de Hitler, en especial para Kurt Lewin que tuvo que exiliarse a los EE.UU. tras ser perseguido por los nazis.

Para este estudio, se hicieron 3 grupos de niños de entre los 8 y los 10 años que se reunían después de clase para realizar trabajos de manualidades. A cada grupo se le asignó un monitor que fue previamente adoctrinado para desempeñar un estilo de liderazgo específico.

  • Grupo 1 – Liderazgo autocrático: el monitor ordenaba en todo momento lo que se debía hacer de forma estricta, sin dar lugar a debate o a que los niños tuvieran algún tipo de iniciativa.
  • Grupo 2 – Liderazgo liberal: los niños tenían completa libertad para desarrollar el trabajo a su gusto, sin pautas específicas.
  • Grupo 3 – Liderazgo demócrata: el monitor sometía a debate todas las tareas que se iban a desempeñar en clase, y tenía en cuenta todas las opiniones de los alumnos, dejando siempre un margen para que los alumnos tuvieran iniciativa propia.

Los resultados obtenidos fueron diferentes para cada grupo de niños/as:

  • Grupo 1 – Liderazgo autocrático: los niños mostraron conductas agresivas y exageradamente competitivas, llegando al extremo de descalificar el trabajo de sus compañeros para realzar el propio. Aunque superaron los objetivos de trabajo que se marcaron con creces, sólo trabajaban cuando el monitor estaba presente, y cuando éste abandonaba el aula se comportaban de forma violenta con sus compañeros.
  • Grupo 2 – Liderazgo liberal: los alumnos no alcanzaron ninguno de los objetivos de trabajo y, a pesar de que el monitor estuviese en el aula, mostraban una actitud de pasotismo absoluto, desarrollando una conducta completamente anárquica e imposible de controlar.
  • Grupo 3 – Liderazgo demócrata: se alcanzaron los mismos objetivos que en el Grupo 1, pero las diferencias fueron notables respecto a la actitud de los niños. Estos desarrollaron valores de compañerismo y cooperación, e incluso cuando el profesor abandonaba el aula seguían trabajando disciplinadamente.

6. El pequeño Albert (Jhon Broadus Watson, 1920)

La finalidad del experimento de Watson fue una demostración empírica del condicionamiento clásico y explicar la conducta recurriendo a factores ambientales externos al individuo y no de su naturaleza interna.

Watson aplicó el esquema de aprendizaje propuesto por Paulov (1905) pero por primera vez en seres humanos. Para ello, con la colaboración de su ayudante Rosalie Rayner, seleccionaron a Albert, un bebé de 11 meses, al que se le mostraba una rata blanca en el momento de hacer ruido con un martillo sobre una barra de metal.

Los resultados demostraron que la asociación entre el ruido del martillo y la presencia de una rata blanca acabó por provocar una respuesta emocional de miedo ante la sola presencia del animal. Un miedo que el pequeño Albert generalizó a otros animales y objetos similares (perros, conejos, abrigos de lana, etc.), demostrando así que el miedo podía ser aprendido por condicionamiento clásico.

7. La difusión de la responsabilidad (Darley y Latané, 1968)

La finalidad del experimento llevado a cabo por los psicólogos sociales Latané y Darley era estudiar experimentalmente qué hace que personas comunes, testigos de situaciones manifiestas de emergencia, no presten su ayuda.  ¿Qué variables intervienen? ¿Qué decisiones les guían? La idea les surgió tras la enorme conmoción que produjo un terrible crimen sucedido en la ciudad de Nueva York en el que un gran grupo de personas fue testigo pero nadie intervino. La hipótesis de los investigadores era que la causa de la no intervención fue el número de personas que presenciaron el asesinato: “La difusión de la responsabilidad disuade a los testigos para ayudar.”

En el experimento pidieron a un estudiante de la NYU que participase en un debate sobre los problemas para adaptarse a la vida universitaria, haciéndole creer que iba a ser miembro de un grupo de personas, que deberían hablar por turnos, en cabinas separadas y comunicadas por un sistema de sonido. Todos los demás participantes son en realidad grabaciones y él es el único sujeto de estudio.
Primero, se hace una ronda y el sujeto investigado es el último en hablar. Luego, comienza una nueva ronda y le toca el turno a otro compañero. De repente, éste empieza a tartamudear y su discurso se agita: “yo-yo-ne-ne…nece-necesito a-ayu-…da…un-un-at-ataq…” se sofoca y queda en silencio. Ha sufrido un ataque epiléptico.
Mientras tanto, fuera el investigador del estudio registra el tiempo que tarda el sujeto investigado en pedir ayuda.

Los resultados obtenidos dependieron de la cantidad de testigos de la emergencia. Cuando los sujetos creían ser el único espectador de la emergencia tardaron 52 segundos después de iniciarse el ataque en responder y lo hizo así un 85%. Sin embargo, si el grupo era mayor, tan sólo un 31% reaccionó tratando de buscar ayuda, y tardaron una media de 166 segundos. Variando de forma sistemática el número de testigos, Darley y Latané pudieron concluir que el número de testigos era un determinante crítico para la intervención.

8. La cueva de los ladrones: conflicto y conciliación (Sherif y Sherif, 1961)

La finalidad del experimento psicosocial realizado por el matrimonio Sherif en el parque estatal Robber’s Cave (Oklahoma) era entender el salvajismo que se podía llegar a producir entre grupos. La idea surgió tras 1919 cuando su provincia fue invadida por tropas extranjeras.

Para estudiar este fenómeno, recurrieron a un campamento de verano de Boy Scouts. Seleccionaron a 22 chicos/as sin diferencias culturales, físicas o económicas entre sí y adaptados plenamente en sus comunidades. Fueron divididos en dos grupos de 11 niños/as (los Cascabeles y las Águilas) y llevados por separado en autobuses al campamento. El experimento consistió en una serie de fases:

  • Pertenencia al grupo: los grupos comenzaron con actividades de cooperación para crear sentimiento de pertenencia a cada grupo, como construir un puente.
  • El conflicto: Una vez tuvieron las identidades grupales establecidas, pasaron a actividades competitivas en las que se enfrentaban ambos grupos y solo uno podía salir vencedor. Pronto se pudieron apreciar las evidencias de que el campamento se tornó de manera gradual en una guerra abierta entre Cascabeles y Águilas.
  • La búsqueda de la unidad: En la última parte del experimento, los Sherif hicieron que las tareas competitivas cesasen y participaron en actividades comunes como ver películas, comer o encender fuegos artificiales. Sin embargo, la hostilidad existente entre ellos había llegado a tal punto que el contacto solo propiciaba más ataques y afrentas.
  • La resolución del conflicto: Para propiciar la armonía entre los grupos enfrentados, Sherif introdujo unas metas supraordenadas, unos objetivos comunes que solo se podrían conseguir con la cooperación de los dos grupos, como solucionar un problema de abastecimiento de agua para todo el campamento.

Los resultados fueron espectaculares. Tras estas tareas las hostilidades desaparecieron y surgió la amistad entre miembros de diferentes grupos, dejaron de distribuirse como antes y regresaron a casa, entre cánticos, todos juntos en el mismo autobús.

9. Los experimentos de ruptura (Harold Garfinkel, 1968)

La finalidad de los experimentos de ruptura de Garfinkel fue estudiar cómo un cambio drástico en el “orden del sentido común” suponía romper con el orden legítimo de creencias sobre la vida en sociedad vista (desde dentro) de esa sociedad.

En uno de estos experimentos, Garfinkel pidió a 68 alumnos/as que regatearan el precio de alguna mercancía que desearan comprar en una tienda normal donde esto no es habitual. Un primer grupo de alumnos debía realizar un solo intento, mientras que un segundo grupo debía realizarlo hasta 6 veces.

Los resultados afirmaron que los que rehusaron sintieron que se enfrentaban a una situación muy extraña e incómoda “ruptura del orden cotidiano” y por eso decidieron finalmente no realizar el experimento. Los que superaron las primeras situaciones de regateo (tres intentos en general) se adaptaron a dicha situación y la asumieron al salir airosos (“Lo volveré a realizar”), ya que asimilaron un nuevo orden en el sentido común (“se puede hacer y lo seguiré haciendo”).

10. El estudio monstruo (Wendell Jhonson, 1939)

La finalidad del experimento psicosocial del Doctor Wendell Jhonson, era demostrar que la tartamudez era una patología que se adquiría por las inseguridades de algunos/as niños/as al aprender a hablar. Él mismo había sufrido de problemas en el habla desde pequeño, lo que le motivaba a dedicar su esfuerzo y trabajo a investigar sobre las causas de esta patología.

El experimento consistía en reunir a 22 niños y niñas del orfanato, algunos con problemas de tartamudez y otros sin ningún tipo de problema en el habla. Una vez seleccionados los sujetos, dividió a los niños/as en dos grupos, indistintamente de si tenían problemas o no. La investigación fue bautizada por otros investigadores como “el estudio monstruo”, por la crueldad con la que se había tratado al segundo grupo de niños y niñas y las consecuencias que todo ello había acarreado.

Los resultados del experimento fueron claramente visibles al poco tiempo: mientras que los/as niños/as del primer grupo empezaron a ganar confianza y a mejorar con el tiempo, el segundo grupo no hizo más que empeorar, e incluso niños/as que al principio no sufrían ningún tipo de problema empezaron a mostrar problemas de inseguridad, retraimiento y síntomas de ansiedad.

Javier Rodríguez
Investigador Social



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