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8 Mar 2020

Día Internacional de la Mujer 2020: El origen de la desigualdad

Desde la Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada queremos sumarnos, un año más, al

Día Internacional de la Mujer

Como cada año, el 8 de marzo se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer, promovido por Naciones Unidas, a través de ONU Mujeres. El lema de esta ocasión es “Soy de la Generación Igualdad: Por los derechos de las mujeres”, siguiendo la campaña multigeneracional de ONU Mujeres, Generación Igualdad, que conmemora el 25º aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, que fue aprobada en 1995 en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, que tuvo lugar en Beijing, China, y es reconocida como la hoja de ruta más progresista para el empoderamiento de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

ONU Mujeres – Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres

Con motivo de este día, Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D, nos habla sobre el origen de la desigualdad entre los sexos y del patriarcado como sistema social dominante, remontándose al 10.000 a.C, nada más y nada menos.

EL ORIGEN DE LA DESIGUALDAD

El concepto de igualdad, en su sentido más general, se equipara a la familia de palabras que significan «equivalente» o «idéntico». Esta concepción se puede aplicar a las diversas partes, formas y contenidos que constituyen una persona: elementos corporales, racionales, espirituales, funcionales, competenciales y relacionales.

La igualdad no es una ley de la naturaleza, sino que se trata de una idea que depende de los elementos entre los que se realiza la comparación de equivalencia. Es un concepto relacional que remite a los elementos que se incluyen dentro de la comparación y al punto vista desde el que se realiza. Pueden existir semejanzas entre dos o más características comparadas, al mismo tiempo que diferencias en otras. Que una persona sea igual a otra en algo no significa que tenga que serlo en todo. En el caso de las mujeres y los hombres, los conjuntos sobre los que se efectúa la comparación tienen un carácter material, funcional, competencial, emocional y relacional.

El origen de la desigualdad comenzó con los profundos cambios que tuvieron lugar durante el periodo Neolítico

Los orígenes de la desigualdad entre los sexos: los nuevos descubrimientos

El origen de la desigualdad entre las mujeres y los hombres comenzó con los profundos cambios que tuvieron lugar durante el periodo Neolítico, que abarca aproximadamente desde 10.000 a 3.000 a.C.

El origen de la división por sexos
Fuente: Libro – Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género

Durante este periodo se produjeron una serie de descubrimientos que modificaron la vida de los seres humanos hasta el punto de considerarlas revolucionarias (Gordon Childe, 1997). Entre otras cosas, se domesticaron animales y apareció la agricultura, lo que daría paso a la sedentarización, haciendo surgir el sentimiento de propiedad; surgió la guerra por los recursos y con ella la conciencia del poder; y se hizo un descubrimiento que afectaría a las relaciones entre las mujeres y los hombres: la paternidad biológica. Todo ello daría paso a la dominación masculina y a la instauración del patriarcado.

El descubrimiento de la paternidad biológica

Se parte de la premisa de que la participación del hombre en la reproducción fue desconocida por los primeros humanos y que se adquirió a medida que se desarrollaba la conciencia del yo y del mundo exterior (Dupuis, 1989; Thompson W. , 1996; Margolis J. , 2004; Bott, 2009; Hirsch, 2013).

Algunos/as autores/as consideran que esta conciencia fue fruto de la domesticación de los animales, al observar que en ausencia de macho las hembras no procreaban (Yll, 2002; Cosacov, 2005; Azad, 2011; Meyer, 2014).

Este descubrimiento, aunque pudiera parecer extraño, no fue compartido por todas las sociedades al unísono, como lo prueba el hecho de que en la actualidad sigan existiendo pueblos que creen en la multi-paternidad (cuenca del Amazonas); otros en los que la paternidad biológica es débil (Trobriand de Melanesia); e incluso algunos que la desconocen (Na, en China; aborígenes, en Australia).

Así, el descubrimiento de la uni-paternidad tuvo grandes repercusiones en la organización social y se encuentra en el origen de la división entre los sexos por la característica que la reviste: es imperceptible por los sentidos, lo que conlleva una dependencia masculina respecto de la mujer al ser la propietaria de la información, porque en ella reside el conocimiento de su estado.

Características de la paternidad
Fuente: Libro – Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género

Una de las consecuencias que tuvo este descubrimiento fue el control de la sexualidad femenina como medio de garantizar la progenitura (Rodríguez, 1987; Margolis, 2000; Meyer, 2015), es decir, para saber quién era el padre. Este hecho hizo a las mujeres dependientes de los hombres para el ejercicio de su sexualidadm, que se vio sometida a un solo varón. De aquí surgirá el mito del «amor romántico femenino».

Otra de las consecuencias fue la necesidad de instrumentar un modo que diese solución a la falta de visibilidad de la paternidad, aunque solamente fuera en el plano formal, situación que se resolvió a través de la condición de «marido» de la madre, que daría lugar a la figura del padre legal. Los primeros códigos normativos así lo reflejan.
Sería precisamente la palabra «padre» de la que derivaría la de «patriarca», ya que proviene de las palabras griegas «πατήρ» que significa descendencia, familia y «άρχειν» que significa mandar.

La sedentarización

El proceso de sedentarización comenzó aproximadamente 10.000 años a.C. y tuvo lugar a lo largo de varios milenios durante los cuales se domesticaron animales, se desarrolló la agricultura sedentaria y se consiguió la aleación de los metales.

Estas transformaciones sentaron las bases de la civilización y afectaron profundamente a la organización social por diversas razones:

  1. Los recursos necesarios para la vida iban a depender ahora de un lugar determinado, lo que hizo aflorar un sentimiento de propiedad que no había existido durante el nomadismo.
  2. La mejora en la alimentación dio lugar a un crecimiento de la población, lo que hizo necesaria la incorporación de más tierras cultivables, dando lugar al fenómeno de la invasión de nuevos territorios.
  3. Las invasiones generaron la necesidad de salvaguarda de las tierras en las que se cultivaba, con la aparición de la guerra cuyo origen se suele situar en el Calcolítico o Edad del Cobre entre 3.500-1.800 a.C.

Esta teoría es compartida por otros/as autores/as, que sitúan el origen de la guerra en el Neolítico y su apogeo en el Calcolítico. Los enfrentamientos violentos surgen como consecuencia de los asentamientos estables y el surgimiento de la propiedad (Clark, 1952; Riquet, 1970; Bouville, 1982; Dastugue & Alduc-Le Bagousse, 1982; Etxebarría & Vegas, 1988; Vegas Aramburu, 1999; Bocquet-Appel & De Miguel Ibáñez, 2002; Andrés, 2003).

La guerra
Fuente: Libro – Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género

La guerra trajo consigo la conciencia del poder como dominación desde el momento en el que hubo vencedores/as y vencidos/as, conciencia que experimentaron especialmente los hombres por ser los que fueron a la guerra mayoritariamente. Al margen de otras cuestiones que pudieran incidir en la decisión de ser los hombres los guerreros, hay una que sin duda debió influir en el subconsciente colectivo: los hombres son más prescindibles para la reproducción que las mujeres. Un hombre puede inseminar a muchas mujeres, pero una mujer no puede gestar múltiples fetos por copular con varios machos. Las mujeres se reproducen de una en una y tardan casi un año en gestar, mientras que un solo hombre, además de poder fecundar a varias mujeres, puede desaparecer nada más fecundar sin que afecte al desarrollo de la vida. Ese hecho hizo que las mujeres fueran protegidas especialmente «detrás de las murallas» para garantizar el crecimiento del grupo. Como señala Gerda Lerner, fueron las poblaciones que mejor protegieron a sus mujeres las que más crecieron (Lerner, 1986).

Se puede considerar estas diferencias competenciales como la primera división del trabajo por sexo: los hombres se quedan con las actividades de riesgo, entre las que se encuentra la defensa y el ataque, y las mujeres al cuidado de la infancia y de los hombres que no iban a la guerra por diversas causas.

En aquellos primeros momentos de sedentarización en los que era necesario un rápido crecimiento de la población por cuestiones productivas y defensivas, los hombres asumieron la lucha, pues por duro que pueda parecer, su contribución a la reproducción entroncaba más con su capacidad para inseminar que con el concepto de paternidad.

Inseminador en acción
Fuente: Libro – Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género

Esta mayor «prescindibilidad» del varón de cara a la reproducción afectó a la nueva organización social y tuvo sus consecuencias para los hombres y las mujeres: los primeros porque la asunción de las tareas de riesgo afectó a su supervivencia; y las mujeres porque pasaron a ser dependientes de los hombres para su protección frente al exterior, limitando así su autonomía personal. Se puede decir que, de manera inconsciente, los hombres ofrecieron su vida para preservar la vida y las mujeres su autonomía e independencia para que floreciera y se desarrollara.

La combinación entre el descubrimiento de la paternidad biológica, el sentimiento de propiedad y la conciencia del poder, dio lugar a la dominación masculina

La dominación masculina: el patriarcado

La combinación entre el descubrimiento de la paternidad biológica, el sentimiento de propiedad y la conciencia del poder, dio lugar a la dominación masculina, que se ejerció en el plano psicológico, funcional y social. Esta dominación condujo a la instauración de un nuevo sistema social basado en la jerarquización y en el poder como dominación: el Patriarcado.

La primera división sexual del trabajo
Fuente: Libro – Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género

La primera consecuencia que tuvo el nuevo sistema fue el establecimiento de una división funcional entre los sexos como no se había conocido hasta entonces. Los hombres se quedaron con el mundo exterior y sus funciones estuvieron asociadas a la defensa del grupo, haciendo que proliferaran las hazañas bélicas como canto épico de la masculinidad. Las mujeres se quedaron intramuros de las ciudades, al cuidado de la infancia y de los hombres que no podían valerse por sí mismos, con la consiguiente exaltación de la maternidad como definitoria de la feminidad, al mismo tiempo que se hicieron invisibles para la historia.

El nuevo sistema se instauró definitivamente con el triunfo de las religiones monoteístas y supuso el comienzo de la dominación masculina. La historiadora Gerda Lerner sitúa su creación con la religión hebrea (Lerner, 1986), que no fue la primera monoteísta, ya que hunde sus raíces en el zoroastrismo del segundo milenio a.C., pero sí es la que convierte a «Dios Padre Todopoderoso» en el único dios con caracteres claramente masculinos: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Génesis 1-26), al tiempo que la figura femenina queda fuera de la divinidad, a la que nunca más retornaría en calidad de diosa.

Ahora bien, la dominación masculina no afectó únicamente a las relaciones entre las mujeres y los hombres, sino que incidió poderosamente en las relaciones que los propios hombres mantendrían entre sí. Se puede decir que dicha dominación tuvo lugar en un triple sentido: sobre las mujeres, en la familia y entre los hombres.

La triple dominación masculina
Fuente: Libro – Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género

La segunda consecuencia fue la aparición de la violencia como sustento de la dominación. La guerra fue la primera forma de violencia que se proyectó de diferente manera sobre los hombres y las mujeres. En los pueblos vencidos ellos eran todos exterminados y ellas reclutadas como esclavas para la reproducción. Cuando se advirtió de la posible utilidad de los sometidos fue cuando fueron reclutados como esclavos también. Fue precisamente la esclavitud femenina el origen de la violencia contra las mujeres.

Poco a poco esta violencia ejercida inicialmente contra los pueblos enemigos se fue proyectando sobre los miembros del propio clan, siguiendo la nueva estructura social: los hombres se enfrentaron entre sí jerárquicamente por cuestiones de poder, y las mujeres fueron forzadas física y psicológicamente bajo la dominación masculina al privárseles de la capacidad de obrar y ser objeto de todo tipo de agresiones, sobre todo sexuales, fenómeno que sigue estando de plena actualidad en todo el mundo.

Fue precisamente a través del ejercicio de la violencia como se mantendría el nuevo sistema social, violencia que inicialmente fue por los recursos y a la que pronto se le añadiría la violencia por el poder.

Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D
Coautora, junto a Francisco García García, del libro “Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género”

Libro Hacia un Feminismo del punto medio

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