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7 May 2020

El Aprendizaje Cooperativo, una metodología activa para la educación del siglo XXI: una revisión bibliográfica

Las/os Investigadoras/es y profesoras/es María Juárez-Pulido, Irina Rasskin-Gutman y Santiago Mendo-Lázaro de la Universidad de Extremadura (España) han llevado a cabo una interesante revisión bibliográfica acerca del Aprendizaje Cooperativo (AC) como una metodología activa para el desarrollo educativo de los y las estudiantes.

El artículo “El Aprendizaje Cooperativo, una metodología activa para la educación del siglo XXI: una revisión bibliográfica” fue publicado como Nota Bibliográfica del Nº 26 “Humanismo Digital: Fronteras y Vías Libres entre la Tecnología y la Conciencia” de la Revista Prisma Social.

Resumen

El ser humano se desarrolla en constante interacción e interdependencia con otros; sin embargo, los cambios experimentados en las últimas décadas en las sociedades industrializadas nos han llevado hacia un mundo cada vez más mecanizado y tecnológico que, si bien nos ofrece mejoras en nuestra calidad de vida, también ha ido favoreciendo una desconexión paulatina con el entorno, de falta de relación tanto con la naturaleza como con las personas que lo habitan, conduciéndonos hacia un horizonte que, para muchos, resulta preocupante.

A pesar de esta realidad, en el mundo laboral se exigen, cada vez con más frecuencia, competencias de tipo colaborativo que favorezcan las relaciones interpersonales, lo que supone todo un reto en una sociedad caracterizada por la competitividad, el individualismo o el consumismo desenfrenado.

El Aprendizaje Cooperativo (AC) constituye una metodología activa en la que los/las estudiantes trabajan en grupos reducidos para maximizar su aprendizaje y el de sus compañeros/as.

No podemos olvidar que, desde sus orígenes, la educación ha constituido un ámbito esencial en la formación de la ciudadanía. Es por ello que la escuela, como uno de los agentes responsables en el desarrollo de competencias en el alumnado, ha venido experimentando diferentes procesos de transformación para adaptarse a los nuevos retos de la sociedad actual. La incorporación de metodologías activas en las aulas forma parte de dicha transformación. A través de las mismas se pretende que los/las estudiantes aprendan desde la experiencia y la interacción entre iguales, favoreciendo el desarrollo de sus competencias y concibiendo el proceso de enseñanza-aprendizaje de forma activa y dinámica en el que el alumnado sea protagonista del mismo.

El Aprendizaje Cooperativo (AC) constituye una metodología activa en la que los/las estudiantes trabajan en grupos reducidos para maximizar su aprendizaje y el de sus compañeros/as. Para conseguir el éxito en la implementación de esta metodología cooperativa se requiere de una serie de elementos clave como son la interdependencia positiva, la responsabilidad individual de los miembros del equipo, la igualdad de participación, la cohesión de grupo, un buen clima de aula y el entrenamiento en habilidades sociales, así como un cambio de percepción en el rol que tanto profesorado como alumnado ocupan en esta forma de orientar las clases, alejada del tradicional proceso de enseñanza-aprendizaje.

El interés por esta metodología cooperativa se inició sobre los años setenta cuando comenzaron a generarse un gran número de trabajos en los que se encontraron los beneficios socioeducativos derivados de la interacción entre iguales a nivel académico, psicológico y social en las distintas etapas educativas.

En el presente trabajo se realiza una revisión de publicaciones desarrolladas en los últimos diez años sobre las principales aportaciones del AC ante los nuevos retos educativos del siglo XXI, tales como la reducción de la frecuencia de conductas de acoso escolar, la mejora del proceso de inclusión en las aulas y el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Dentro de los beneficios del AC encontrados, caben destacar los siguientes: la mejora de los procesos cognitivos que se producen en la interacción y cooperación entre aprendices, la mejora del rendimiento académico, el desarrollo de las habilidades sociales, el aumento del autoconcepto y la autoestima, la inclusión escolar del alumnado en riesgo social, la reducción del acoso escolar, la adquisición de valores democráticos, o el fomento del diálogo, la empatía y la resolución de conflictos.


Autoras/es

María Juárez Pulido

Maestra de Educación Infantil y Educación Primaria. Máster Universitario en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas con especialidad en Psicología. Facultad de Formación del Profesorado, Universidad de Extremadura.

Irina Rasskin Gutman

Doctora en Psicología. Profesora Contratada Doctora en el área de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Extremadura. Miembro del grupo de investigación GIPES de la UEX y cofundadora del Equipo INIDE. Actuales líneas de investigación: identidad académica con perspectiva de género, identidad nacional y colectiva, aprendizaje cooperativo.

https://orcid.org/0000-0003-2510-487X
https://unex.academia.edu/IrinaRasskinGutman
https://www.researchgate.net/profile/Irina_Rasskin_Gutman

Santiago Mendo Lázaro

Educador Social, Doctor en Psicología. Profesor de la Universidad de Extremadura (UEx) en el área de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Formación del Profesorado de Cáceres. Miembro del grupo de investigación GIPES de la UEx. Mis principales líneas de investigación giran en torno al Aprendizaje Cooperativo, Habilidades Sociales, Acoso, Emociones o Salud Mental.

https://orcid.org/0000-0002-4377-8416
https://www.researchgate.net/profile/Santiago_Mendo2

Acceso al artículo completo

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