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15 May 2020

Origen, institucionalización y evolución de la Etnografía

Bienvenidas y bienvenidos a una nueva entrega de la serie Etnografía Virtual del Blog de la Fundación iS+D. En esta ocasión, André Sören Romero, experto en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales, hablará sobre el origen y evolución de la etnografía como método de investigación en Ciencias Sociales.

El método etnográfico clásico

La Etnografía recoge su significado etimológico del griego: ethnos –έθνος–, «tribu, pueblo» y grapho –γράφω–, «yo escribo»; y que significa «descripción de los pueblos». El termino fue acuñado en 1770 por August Schlozer para designar «la ciencia de los pueblos y las naciones», tal como señalan Vermeulen y Roldan (1995) u Óscar Guasch en su monografía sobre la Observación Participante (Guasch, 2002).

La Etnografía como método científico de investigación estuvo ligada en sus inicios a ramas tan dispares como la medicina, las Ciencias Sociales o los folcloristas

En un primer momento, la práctica etnográfica fue llevada a cabo por personas que no usaban criterios de carácter científico, simplemente por motivos prácticos se llevaban a cabo descripciones, diarios o cuadernos de bitácora para registrar todo lo sucedido en nuevos territorios que estaban colonizando o la interacción con nuevas culturas desconocidas por Occidente. Es por esto que los/as primeros/as etnógrafos/as fueron exploradores/as y mercaderes que describían la biología del lugar, las costumbres de la población nativa, el clima o la gastronomía. Un buen ejemplo de descripción etnográfica llevada a cabo antes de la institucionalización de esta como método científico podemos encontrarlo en Los viajes, libro escrito por Marco Polo  (2009), en donde relata sus viajes por el continente asiático:

«La llanura de la que os hablo se extiende durante cinco jornadas en dirección al mediodía; y al final hay una segunda pendiente, en gran declive, que hay que bajar a pie, descendiendo durante veinte millas… Es muy abundante en aguas y en hermosos ríos, en dátiles y en otros muchos frutos; y tiene numerosos pájaros, loros, francolines y aun otros muy distintos de los nuestros». (Polo, 2009, pág. 87)

Considerando la Etnografía como método científico de investigación, esta estuvo ligada en sus inicios a ramas tan dispares como la medicina, las Ciencias Sociales o los folcloristas, tal como explica Comelles (1996). Estos inicios, que se sitúan a finales del siglo XIX, están marcados por un período de expansión colonial que produce un choque cultural entre colonizadores/as y colonizados/as.

De todas las ramas científicas antes señaladas, la Antropología se adueña del método etnográfico, popularizándolo y haciéndolo suyo al estudiar estas nuevas sociedades. Esta empoderación del método etnográfico, que permite sentar las bases de la Antropología como disciplina científica y diferenciarla de otras disciplinas centradas en el estudio del comportamiento y las relaciones sociales como la Filosofía Social, se lleva a cabo con la obra de Bronislaw Malinowski publicada en 1922, Los argonautas del Pacífico Occidental: un estudio sobre comercio y aventura entre los indígenas de los archipiélagos de la Nueva Guinea melanésica (Malinowski, 1986). Esta obra permitió profesionalizar la práctica etnográfica, diferenciando al/la etnógrafo/a profesional –Malinowski– del/a aficionado/a –comerciantes y mercaderes como Marco Polo– de forma que no se tildaran ese tipo de obras como etnográficas.

Desde este momento, el recorrido etnográfico como metodología de las Ciencias Sociales evoluciona y se adapta a nuevas necesidades de información, así como a nuevos escenarios propuestos por los/as investigadores/as, destacando tres períodos etnográficos marcados por la relevancia de la adaptación o transformación del método a nuevos escenarios según Óscar Guasch (2002).

En torno a los años cincuenta, la influencia de la Lingüística provocó una serie de cambios en la Antropología cultural.

Período clásico (finales del siglo XIX–principios del siglo XX)

En esta etapa se lleva a cabo la profesionalización de la Antropología –Social en el caso de la escuela británica y Cultural en el caso de la estadounidense– gracias a las obras de Bronislaw Malinowski y Franz Boas. En este punto de la Etnografía, el método facilita el estudio de pequeñas comunidades que están situadas en puntos lejanos de la geografía global. Se establecen en este período los mecanismos de cierre profesional para los/as antropólogos/as, definiendo la observación participante como técnica de recogida de información y el trabajo de campo como sistema para delimitar la buena praxis.

Esta profesionalización rompe con el método comparativo, que consistía en comparar sociedades a través de escritos y observaciones de personas ajenas al/la investigador/a, algo muy instaurado hasta la publicación de las obras de Boas y Malinowski.

La nueva Etnografía (mediados del siglo XX)

En torno a los años cincuenta, la influencia de la Lingüística provocó una serie de cambios en la Antropología cultural. Con origen del movimiento en Yale según Sturtevant (1964), se extendió en Estados Unidos una forma de entender la Antropología cultural, inspirándose en las técnicas de la Lingüística, que buscaba mayor rigurosidad en los criterios de descripción y análisis etnográfico.

La influencia de la Lingüística en los estudios antropológicos tiene también su impacto fuera de Estados Unidos. El ejemplo, y quizá antropólogo más reconocido, es Claude Lévi-Strauss (2009) y sus análisis estructurales de la sociedad a través del estudio de los mitos y rituales, apoyándose en la metodología de análisis lingüísticos propuestos por Ferdinand de Saussure (2004) a principios del siglo XX. El análisis estructural llevado a cabo por Strauss buscaba las estructuras detrás de los hechos socioculturales como explicación de estos. Es decir, el análisis planteado por Strauss busca la explicación de los hechos socioculturales a través de modelos mentales inconscientes y, sobre todo, universales.

El período plural (años setenta)

Óscar Guasch (2002) señala que en este período la persona deja de ser conceptualizada como estructura, elemento a través del cual buscar modelos mentales universales, y pasa a ser entendida como un proceso, un elemento de constante cambio y adaptación.

Se cimenta, sobre todo, en la Sociología de ruptura que supusieron los planteamientos etnometodológicos de Harold Garfinkel (2006) y la microsociología e importancia de la interacción social de Erwing Goffman (1971), además del cambio sufrido en la Antropología, al desaparecer el mundo primitivo que servía como lugar de estudio y centrarse así en sociedades más complejas, en las que a través de la observación participante se busca comprender la interacción social: cómo se produce, por qué se produce y, sobre todo, los mecanismos que existen de forma implícita para mantener tal interacción.

fotografía de andré soren romero

André Sören
Experto en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales
Actualmente imparte el Curso Online “Etnografía Virtual” de la Fundación iS+D

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