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5 Jul 2021

LGTBIfobia: ¿cuál es el origen de la desigualdad y discriminación por orientación sexual e identidad de género?

Existen varios tipos de desigualdad, establecidas con el sistema patriarcal y provenientes de diferencias que se fueron estableciendo a lo largo del tiempo a partir de una serie de variables: edad, sexo, color de la piel, orientación sexual, estatus, creencias religiosas y capacidad. El significado asociado a cada una de estas variables es cultural, ya que es a nivel social como se establecen en cada momento de tiempo.

La desigualdad tiene un origen social desarrollado a partir de la noción de poder y dominación, lo que dio lugar a la clasificación de las personas en función de las variables anteriormente expresadas. Esta desigualdad valorativa fue incorporada a los textos legales dando lugar al concepto de desigualdad formal. Hay que distinguir, por tanto, entre la desigualdad de carácter social, constituida por un entramado de normas no jurídicas, y la desigualdad formal, constituida por las normas legales que vienen a reforzar a las anteriores.

Las desigualdades basadas en el sexo han dado lugar a la construcción social del género, las basadas en el color de la piel a fenómenos como el racismo, las relacionadas con la capacidad a la discriminación funcional y competencial y las vinculadas a la orientación sexual a la LGTBIfobia.

Desigualdad  y discriminación por orientación sexual e identidad de género

En el mundo hay discriminación por orientación sexual e identidad de género y se manifiesta en todos los ámbitos de las relaciones sociales. Incluso en los países que han ido reconociendo los derechos del colectivo LGTBI, sigue existiendo discriminación.

Hace veintidós años, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS), siguiendo los pasos dados en la década de los setenta por la psiquiatría norteamericana, suprimía la homosexualidad del CIE 10, la Clasificación Internacional de Enfermedades. La eliminación de la supuesta condición patológica de gays y lesbianas fue un acontecimiento crucial en el largo camino hacia la emancipación del colectivo homosexual, poniendo al descubierto la homofobia (re)producida y legitimada por el discurso médico oficial y contribuyendo enormemente a la aceptación social de la homosexualidad. (Aguiló & Santos, 2012)

La heteronormatividad, que considera una amenaza toda desviación de la heterosexualidad, sigue vigente en la mayoría de las sociedades actuales (Amich Elías, 2007), lo que hace de este fenómeno una cuestión global que afecta a todo el planeta.

Figura. Leyes sobre orientación sexual en el mundo

Fuente: ILGA World – The International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association

Existen abundantes evidencias de que muchas personas LGTBI sufren discriminación por razón de su orientación sexual a escala planetaria.

Las prácticas discriminatorias por motivos de orientación sexual e identidad de género han colocado a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales frente a múltiples situaciones de rechazo, invisibilidad, estigmatización y violencia. La realidad se torna mucho más controvertida al estar permeado el tejido social de una ideología heterosexual dominante que sostiene, mediante estereotipos y prejuicios, la desintegración social de esa población. (Rodríguez Nuñez, 2016)

La discriminación es múltiple, pero se pone de manifiesto especialmente en los entornos laborales. En la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea se reconoce que, a pesar de la existencia de disposiciones que prohíben la discriminación por motivos de orientación sexual en el lugar de trabajo, las personas LGTBI tienen más dificultades para promocionarse laboralmente, además de sufrir el hostigamiento de los/as compañeros/as de trabajo, lo que hace que escondan su orientación sexual (Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, 2009).

La gestación de una masculinidad centrada en la idea de poder, dominación, fuerza, valentía, racionalidad, competitividad y heterosexualidad, excluye a los hombres homosexuales, bisexuales y trans.

Los atributos que diferencian a los hombres de las mujeres ocupan un lugar importante en la construcción de la identidad masculina (Rosado Millán, 2011): un hombre es todo aquello que no es una mujer. Mientras más presente está un atributo en el mundo femenino, más reprimido se encuentra en el universo masculino.

La primacía del código negativo sobre el código positivo en la constitución de la masculinidad se manifiesta igualmente en el hecho de que, en nuestra sociedad –verbigracia-, se inste a los varones a no mostrar sus emociones, o que uno de los más graves insultos que se les puede dirigir es que «se comportan como una mujer» o que son «afeminados». (Jociles Rubio, 2001)

El mensaje de los atributos escondidos se basa en los “noes”: “no huyas, no llores, no te quejes, no te acicales, no gimas…”. Por eso existen insultos dirigidos a los que incumplen esa especie de código del honor que van desde los más light como “nenaza”, hasta los más duros como “maricón”, “cabrón”, o “calzonazos”. Se penaliza al hombre sensible, al que expresa sus sentimientos o se emociona. Para que un hombre sea un hombre tiene que practicar la impasibilidad y el control emocional.

Para que un hombre sea un hombre tiene que practicar la impasibilidad y el control emocional.

La conciencia del poder supuso la puesta en marcha de una serie de acciones encaminadas a ejercer la dominación, siendo uno de los pilares del Patriarcado, instaurado tras las Revoluciones Neolíticas ocurridas durante el periodo comprendido entre el 10.000 y 3.000 a.C. El Patriarcado es un sistema social organizado en torno a la división entre las mujeres y los hombres dentro de una estructura jerarquizada, basada en la dominación masculina y establecida en torno a tres ejes: de los hombres sobre las mujeres; de los hombres en la familia; y de los hombres entre los hombres.

El poder tiene un soporte ideológico se basó en la asignación de capacidades y funcionalidades diferentes a cada persona en función de sus características físicas. A partir de entonces comenzaron a elaborarse discursos justificativos de la desigualdad social como algo «natural» que había que aceptar sin más porque su origen era «divino».

Los nuevos discursos patriarcales se asentaron en la sociedad incorporando la desigualdad al devenir humano. Las primeras personas afectadas por el nuevo sistema fueron las mujeres, que quedaron sometidas a los hombres. Pero también entre ellos se estableció una profunda desigualdad basada, por un lado, en la infravaloración de las diferentes capacidades de unos y otros, y por otro, en la derrota de los vencidos, que pasarían a formar parte de la cohorte de esclavos. Se puede afirmar que la dominación se practicó por un reducidísimo grupo de hombres que proyectaron su poder sobre los demás, dando lugar a una competitividad feroz para alcanzar ese poder y mantenerlo.

Las desigualdades basadas en el nuevo poder dominante eran múltiples: legales, económicas y sociales, abarcando todos los aspectos de la vida. Eran consecuencia de la dominación al mismo tiempo que la hacían posible, lo que no significa que no hubiese contestación social.

Figura. Homofobia o el miedo del macho

Fuente: Libro «Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género»

Maroto Sáez (2006) define la homofobia (hoy entendida como LGTBIfobia, incluyendo así la transfobia y bifobia) como la aversión hacia gays y lesbianas y distingue entre la homofobia cultural basada en la creencia social de que la heterosexualidad es mejor; la institucional referida a la discriminación directa o indirecta que las instituciones ejercen sobre las personas homosexuales; la internalizada, sentida por dichas personas y que afecta a su autoestima; la interpersonal, que alude al miedo u odio hacia las personas homosexuales; y la personal basada en la creencia de que dichas personas son inferiores, están enfermas o son pecadoras.

La discriminación forma parte del comportamiento homófobo y, según Cornejo (2012), se manifiesta doblemente en el caso de la lesbofobia, ya que las lesbianas experimentan una doble discriminación: por ser mujer y por ser homosexual.

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Referencias

Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. (2009). Homofobia y discriminación por motivos. Informe de síntesis. Obtenido de Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, 2009: https://fra.europa.eu/sites/…/1224-Summary-homophobia-discrimination2009_ES.pdf

Aguiló, A. J., & Santos, A. C. (3 de junio de 2012). Despatologizar, despenalizar, desaprender: luchas LGTB y emancipación social. Obtenido de meintrastanto.org: http://www.mientrastanto.org/sites/default/files/pdfs/1953.pdfCisneros, I. H. (2001). Intolerancia cultural: racismo, nacionalismo y xenofobia. Perfiles Latinoamericanos, 18: 177-189

Amich Elías, C. (2007). Cultura homosexual, sujeto homosexual y Derechos Humanos. Foro, Nueva época, nº 5, 199-219.

Cornejo, J (2012): “Componentes ideológicos de la homofobia”, Revista de Filosofía y Psicología,
7. 26, (89-106).

Foucault, M. (1993). Historia de la sexualidad 2: El uso de los placeres. México: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (2005). Historia de la sexualidad: el uso de los placeres (Decimosexta edición ed.). México: siglo xxi editores.

Jociles Rubio, M. I. (2001). El estudio sobre las masculinidades. Panorámica general. (G. d. 17, Ed.) Recuperado el 7 de febrero de 2008, de www.ugr.es

Maroto Sáez, Á. L. (2006). Homosexualidad y Trabajo Social. Herramientas para la reflexión e intervención profesional. Madrid: Editorial Siglo XXI.

Szasz, I., Cáceres, C., Frasca, T., Pecheny, M., & Terto, V. (2004). El discurso de las ciencias sociales sobre las sexualidades. En Ciudadanía sexual em América Latina: abriendo el debate. (págs. 65-75). Lima: Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Rodríguez Nuñez, M. (2016). La realidad de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales. Una. Revista Sexología y Sociedad, 22(1), 2-14.

Rosado Millán, M.J. y García García. F. (2018). Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género. Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada

Rosado Millán, M. J. (2011). Los hombres y la construcción de la identidad masculina. Madrid: Fundación iS+D.

Mª Jesús Rosado Millán
Presidenta de la Fundación iS+D
para la Investigación Social Avanzada

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