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24 Sep 2021

El anclaje de la pobreza y la COVID-19. Las contradicciones entre la realidad y las políticas

Como es sabido, la pobreza y la desigualdad se acrecientan si cabe aun más en momentos de crisis, tal y como ha demostrado la situación actual de emergencia sanitaria, social y económica derivada de la pandemia de la COVID-19.

En este contexto, el artículo “El anclaje de la pobreza y la COVID-19: Las contradicciones entre la realidad y las políticas” expone algunos resultados de la evaluación realizada sobre el proyecto europeo ProActive Case-based Targeted model for social inclusión (PACT) cuyo principal objetivo era la implantación y evaluación de un nuevo modelo de intervención desde los servicios sociales para atender a personas que dependen de las ayudas sociales.

Los resultados fueron publicados dentro de la Sección Abierta del Núm. 34 (2021): Jóvenes y Nuevas Formas de Comunicación y Marketing de la Revista Prisma Social.

Resumen

Emulando a Tony Judt en su obra “Algo va mal”, podemos decir que nuestra sociedad es cada vez una sociedad más fragmentada, donde las diferencias sociales se extienden y afectan a un mayor número de ciudadanos/as.

En este sentido, el título del este artículo “El anclaje de la pobreza” es otra forma de señalar que las cosas no van bien. No solo hay enfoques políticos que apuestan por la riqueza, como máximo bien deseado y a alcanzar, sino que no entienden ni comparten por qué hay que introducir criterios de igualdad y distribución de los bienes. Muy al contrario, la brecha entre las personas, las familias y las clases sociales, si es que aún se puede utilizar esa expresión, cada vez es mayor, las fortunas de las personas ricas se agrandan y se expanden mientras que la economía de las personas más desfavorecidas se va descolgando de unos niveles éticamente sostenibles.

Las crisis económicas siempre las sufren las mismas personas que ven cómo su destino va perdiendo horizontes y posibilidades, mientras que una parte de la sociedad, cada vez menor, pero más visible, se expone ante los medios como ejemplos de éxito y de saber estar a la altura de las nuevas oportunidades.

Para salir del circulo de la pobreza es preciso cambiar la percepción y concepto de necesidad y de demandante y también el papel y gestión de las administraciones

Este artículo da cuenta de una realidad que se ha hecho más visible como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. En él se plantea y presentan algunos resultados de un estudio realizado con fondos europeos para ver en qué medida las actuaciones que las diferentes administraciones realizan para atender las crecientes necesidades de una, cada vez mayor, población empobrecida y “vaciada” de trabajo, ingresos, recursos, apoyos, y que entra en una nueva versión de la beneficencia pública, solicitando limosas o ayudas económicas para poder cubrir un mínimo de sus carencias, pueden cambiar paradigmas y realidades.

Como autores de la evaluación del proyecto piloto del que da cuenta el artículo, hemos de señalar que para salir del circulo de la pobreza es preciso cambiar la percepción y concepto de necesidad y de demandante y también el papel y gestión de las administraciones que tienen la responsabilidad de garantizar un determinado nivel de vida y calidad a sus ciudadanos y ciudadanas. Cambiar los métodos de trabajo requiere un cambio de paradigma en el que el/la ciudadano/a es visto/a no como culpable de su pobreza o vulnerabilidad, sino como víctima de un sistema social, económico y productivo injusto y donde los y las profesionales que atienden a las personas demandantes de las ayudas son algo más que meros administradores/as de recursos públicos, interviniendo en un marco administrativo que convierte a la persona en un conjunto de expedientes, solicitudes, papeles, sin rostro y sin personalidad.

El resultado del proyecto sobre el que se centra el artículo del anclaje de la pobreza presenta y plantea dos miradas. Es posible cambiar la dialéctica profesionales-ciudadanos/as, si se parte del principio de que todos son personas, sujetos de derechos y no meros demandantes (unas veces vistos como estafadores y mentirosos, otras como culpables de su pobreza) que pretenden vivir de las ayudas públicas sin modificar sus estrategias vitales.

Empoderar a los que están en situación de pobreza o vulnerabilidad, intervenir preventivamente a que los problemas emerjan, diseñar estrategias de acompañamiento y promoción, en definitiva, trabajar con las personas partiendo de sus fortalezas, es el primer paso para que las cosas puedan cambiar en la parte más baja y cercana a la realidad que es la que viven las personas vulnerables y los/las profesionales que las atienden. Pero ese cambio no será duradero ni se podrá consolidar si las políticas sociales y las administraciones no introducen cambios en la organización y ponen en el centro a las personas y no a los aparatos administrativos.

Si el diagnóstico de Tony Judt es cierto, para que todo vaya a mejor es preciso vivir en sociedades inclusivas, donde los derechos humanos se respeten y los estándares de bienestar social se definan en ese marco de derechos sin privilegios. O dicho en otros términos, los discursos y la realidad deben coincidir.


Autores

Jose Daniel Rueda Estrada

Doctor en Sociología y Diplomado en Trabajo Social. Ha sido Profesor en la Universidad de Valladolid en el Departamento de Sociología, IP de diferentes proyectos nacionales e internacionales sobre temas de pobreza, políticas y servicios sociales. Actualmente Profesor en la UOC y Director Académico del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario.

Francisco José Tovar Martínez

Doctor en Sociología. Investigador en diferentes proyectos nacionales e internacionales sobre políticas sociales, identidades colectivas y trabajo. Ha impartido docencia en la Universidad de Valladolid, en el Grado de Trabajo Social. Actualmente profesor en la Universidad Complutense de Madrid y profesor colaborador en la UOC.

Acceso al artículo completo

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