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¿De qué hablamos cuando hablamos de participación?

¿En qué consiste la participación ciudadana? ¿Cómo se vincula con el desarrollo comunitario? ¿En qué puede ayudar la investigación en este campo?

El grupo de investigación Parte Hartuz de la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea viene trabajando desde hace 20 años en la investigación, formación e intervención en el ámbito de la participación ciudadana y el desarrollo comunitario. En abril de 2023, con la colaboración de la Fundación iS+D y el grupo de procesos y metodologías participativas de CLACSO se llevarán a cabo unas Jornadas internacionales sobre participación, investigación acción y desarrollo comunitario.

Como antesala de estas jornadas, que esperamos cuenten con la participación de las figuras más relevantes de Euskadi, España, Europa y América en la investigación acción, la participación y la acción comunitaria, a lo largo de los próximos meses vamos a publicar una serie de entradas en el Blog de la Fundación iS+D dedicadas precisamente a la «Participación y desarrollo comunitario».

Nuestro objetivo es seguir avanzando en la divulgación de nuestras investigaciones, así como clarificar conceptos claves relacionados con la participación ciudadana.

Hoja de ruta

En esta entrada presentaremos la forma en que entendemos la participación desde el equipo de investigación Parte Hartuz. Ello nos va a permitir introducir elementos que trabajaremos en otras entradas, como la epistemología de la investigación-acción-participativa, las lógicas de la acción y el desarrollo comunitario o los fundamentos de los procesos de deliberación a lo largo de los próximos meses.

También presentaremos estrategias y metodologías participativas de investigación, como las exploradas en un texto presentado en la Revista Prisma Social en el que analizamos las desigualdades de género en Educación Superior a través de una Investigación-Acción-Educativa. De la misma forma, también nos acercaremos a las características principales de herramientas participativas como los presupuestos participativos, los consejos consultivos, las asambleas deliberativas o los planes de acción integral.

En nuestra perspectiva investigadora, cuando hablamos de participación, hablamos de reparto del poder. Pero el poder compartido necesita de un demos, un nosotros o nosotras. Por ello, la otra cara de la moneda de la participación es la vertebración comunitaria.

En consecuencia, en próximas entradas también abordaremos aspectos como la importancia de la infraestructura social reivindicada por Eric Klinenberg (2022) en el excelente libro “Palacios del Pueblo”, o el papel que pueden jugar las instituciones públicas en la vertebración comunitaria a través de ejemplos como el marco elaborado recientemente por la Diputación Foral de Gipuzkoa.

Ni qué decir tiene, en el análisis del papel de las instituciones en lógicas de construcción de ciudadanía, los acercamientos del trabajo social o de los equipamientos sociales son claves fundamentales que también serán presentadas por componentes de nuestro equipo.

Así las cosas, comenzamos esta serie de entradas con un acercamiento preliminar a la participación, que nos permita ordenar las diferentes piezas y aclarar una serie de conceptos claves identificados en la literatura y en nuestra experiencia de investigación aplicada.

La democracia como relación y la participación como reparto del poder

Como punto de partida, debemos situar nuestra mirada a la participación en una lógica democratizadora. Entendemos la democracia como el sistema que, más allá de satisfacer una serie de aspectos formales, se orienta a que exista una correspondencia entre lo que las personas desean y lo que la clase política implementa. Para acercarnos a este horizonte, en el que la aspiración a la igualdad y la justicia son puntos nodales, debemos diferenciar 5 esferas, de acuerdo a las propuestas del compañero y catedrático de Ciencia Política, Pedro Ibarra (2011) en su libro “Democracia Relacional”.

La esfera más conocida, con la que comúnmente se vincula la democracia, es la esfera representativa, que remite a la participación electoral. Pero la democracia, nos dice Ibarra, no se puede reducir solo a una votación cada 4 años. Necesita de una democracia comunicativa que permita que todas las miradas puedan ser expresadas y conocidas. Más aún, la democracia, subraya, también necesita de la movilización ciudadana, de la protesta. Como apunta Habermas (1988), incluso de la desobediencia civil. De hecho, de acuerdo con este gran filósofo, aunque la desobediencia debe ser castigada, la forma en la que es castigada en un factor que nos permite medir la calidad de una democracia. Porque la protesta, para la ciencia política, también es motor del cambio democrático (Ibarra, 2011).

Junto a estos tres espacios, debemos sumar otras dos esferas democratizadoras. De una parte, la esfera de la gobernanza que permite implicar a diversos actores para tratar de afinar una mirada más compleja en un mundo en un cambio cada vez más vertiginoso. La gobernanza es necesaria en un mundo, como describe Innerarity (2020), marcado por la complejidad. Frente a la lógica del gobierno decimonónico, la gobernanza nos habla de una forma de gobierno colaborativo, más inteligente, en el que, de acuerdo con Brugué (2022), las instituciones públicas, tras reconocer que no tienen todas las respuestas, aprenden con otros actores.

Finalmente, la quinta de las esferas es la de la participación ciudadana, entendida como esos espacios en los que, sea por invitación de las instituciones, sea por irrupción de la sociedad civil, se establecen mecanismos para que la ciudadanía pueda incidir en las decisiones políticas.

Si bien la demanda de participación siempre ha existido, la entrada del milenio abrió las puertas a su institucionalización, con los Presupuestos participativos de Porto Allegre como referente. Tras ello, actualmente estamos asistiendo a una ola de procesos participativos en los que los foros o asambleas deliberativas se están difundiendo por todos los rincones del planeta con experiencias tan interesantes como la que ha precedido la reforma constitucional en Irlanda en fechas recientes (Ganuza & Mendiharat, 2020). En otras entradas nos detendremos en el análisis de sus lógicas y las compararemos con otro tipo de estrategias participativas.

Por ahora, nos vamos a detener: a) en la identificación de las razones que explican el auge de los procesos participativos; b) las formas desde las que podemos analizar estos procesos en base a su origen, alcance y horizonte para concluir; c) con una definición operativa y una apuesta normativa.

Los motivos de la participación

Actualmente estamos asistiendo a una impugnación clara de la democracia por ciertas formaciones iliberales. A ello se une la desafección ciudadana y la desconfianza ante la clase política. En este contexto, la participación ciudadana es un horizonte que permite fortalecer la democracia desde varias perspectivas (para ampliar la información se puede consultar el documento elaborado por Asier Blas y Pedro Ibarra que sintetiza el análisis de Parte Hartuz):

  • Permite aumentar la legitimación de la democracia mejorando su imagen y aumentando el respaldo. Hoy en día, es común que las instituciones compitan por implementar procesos participativos como forma de mostrar sensibilidad a las demandas de la ciudadanía.
  • Permite aumentar la efectividad de las políticas públicas y de las decisiones institucionales en la medida en que se diseñan y orientan contando con sus receptores. Es evidente que la complejidad y pluralidad de nuestras sociedades no puede apoyarse solo en la figura del experto neutro, sino que es necesario asumir la capacidad de los saberes, también los vivenciales, para mejorar nuestras políticas.
  • Permite construir ciudadanía, de forma que los procesos participativos pueden posibilitar que se transite del “qué hay de lo mío” a la construcción de un “qué hay de lo nuestro”. En este caso, los procesos participativos aspiran, o deben aspirar, a avanzar en el interés y compromiso por el bien común.
  • Permite democratizar la democracia, en la medida en que los procesos participativos aspiran a superar las lógicas de la delegación para apostar por la construcción de ciudadanía corresponsable. Este elemento es clave en la investigación-acción-participativa, que no trabaja con objetos de investigación, sino que busca crear sujetos corresponsables en la acción).
  • Si la participación se orienta de forma correcta, permite ayudar a superar las desigualdades. Por eso los procesos participativos no siempre necesitan asentarse en una representatividad estadística (como es el caso de los foros deliberativos) sino que también pueden apostar por primar el peso de las posiciones subalternas (como sucede con los mecanismos de corrección de algunos presupuestos participativos o en la lógica de los planes de acción integral que apuestan por superar vulnerabilidades.

En última instancia, los procesos participativos, sea a 1) través de lógicas de representación estadística, sea a través de lógicas que favorecen  el reconocimento de las vulnerabilidades interseccionales, 2) sean desde lógicas por invitación o por irrupción, 3) sean activados en clave individual o colectiva…. lo que deben buscar es que prevalezcan los intereses más generales.

Precisamente por ello, la clave de esta mirada que se orienta hacia el reparto del poder se debe complementar con su otra cara de la moneda, la que aspira a crear comunidad. Así, la participación individual o colectiva en el reparto del poder es indisoluble de la vertebración comunitaria. La participación no puede (no debe) ser una cacofonía de “que hay de lo mío”. Debe aspirar siempre a construir de forma compartida el “qué hay de lo nuestro” desde una lógica que reparte el poder, de forma que en vez de que “muchos hagan (controlen, dominen) todo” sean “pocos y pocas las que hagan (controlen y dominen) mucho”.

Alcance

La importancia de la vertebración comunitaria es clave para comprender una primera distinción en los mecanismos participativos, que atiende a la temporalidad: la que diferencia los momentos de los procesos participativos. Como explicaremos y ejemplificaremos en otras entradas con más detalle, la apuesta de nuestro grupo es impulsar procesos participativos, o articular los momentos en lógicas de proceso. Ello, además de legitimar a las instituciones y afinar en la toma de decisiones, permite avanzar en otros objetivos más exigentes, como el de construir ciudadanía democrática corresponsable

Otra forma de abordar el alcance de los mecanismos participativos es atendiendo a quién los impulsa. Así, encontramos mecanismos participativos (sean momentos o procesos) por invitación, en los que la institución se abre a que la gente participe; y mecanismos participativos por irrupción en los que la sociedad civil organizada exige la apertura institucional. Ello tiene que ver con el impulsor: en el primer caso instituciones públicas, en el segundo movimientos sociales. En nuestra aspiración normativa, el horizonte es que estos actores colaboren, cada uno desde sus posiciones, en procesos de participación colaborativos. Si bien es bueno que la institución se abra y también es legítimo el deseo de articulación social al margen de las instituciones, apostamos por poner en diálogo estas dos miradas. Ante el dilema de la participación en la institución o frente a la institución, en nuestras intervenciones y facilitaciones buscamos activar lógicas de participación con la institución.

El alcance también se vincula de forma estrecha con el contenido. Así, existen procesos o momentos participativos que pueden avanzar de la consulta a la codecisión, a la decisión o a la autogestión. No entendemos que la información o la transparencia sea participación. Informar y ser transparente es una obligación. Es un punto de partida democrático. No hay democracia sin transparencia ni información. La consulta es una opción, siempre que se explicite desde el comienzo del proceso. No hay un contenido malo de por sí. Una institución tiene la legitimidad de decidir que el alcance de su proceso sea consultivo o decisivo. La clave para valorarlo no es su profundidad, sino la claridad. Si se explicita que un proceso es consultivo, la ciudadanía puede legítimamente no participar porque considera que no merece la pena. Lo que no es legítimo es confundir. Porque eso solo genera frustración. La claridad, pues, es clave en todo proceso participativo.

La comparación de la participación con el autoestop puede ayudar. Nadie se monta en un coche cuando hace dedo solo por la marca del coche que se detiene o porque el conductor prometa una experiencia agradable o buena música. Cualquier autoestopista solo se monta si sabe a dónde le llevan. Más aún, quien hace autoestop puede decidir que, aunque no le lleve a su destino, le compensa subir al coche porque le acerca a su destino. Lo que nadie acepta es que le digan que le van a llevar a un sitio… y te dejen en otro; o simplemente que no de digan a dónde van… En los procesos participativos, como en todas las cuestiones de sentido común, pasa lo mismo.

Finalmente, el alcance tiene que ver con su densidad del proceso. Como señala Sonia Bussu (et al., 2022), más allá de la institucionalización de los procesos, nos interesa su arraigo. Para Parte Hartuz, el arraigo democrático se caracteriza por cinco giros:

  • De la lógica sectorial (juventud, mujer, etc…) a la integral. Esta es la clave de los Planes Integrales de Acción comunitaria (Ganuza et al., 2010). Esta es, además, una de las lecciones de las investigaciones con perspectiva interseccional, que lejos de fraccionar las desigualdades, lo que buscan es integrarlas en una clave compleja que requiere de respuestas compartidas a la vez que diversas.
  • De la lógica simbólica (consulta en el caso del contenido o diagnóstico en lo que se refiere a las fases del proceso) a la efectiva (decisión en el caso del contenido y despliegue a todas las fases, incluyendo la elaboración de propuestas, la implementación y la evaluación respecto del proceso);
  • Del momento puntual a la lógica procesual y estable en el tiempo. Lo que requiere de estructuras organizativas que vertebren y mantengan en el tiempo los procesos, tales como los Grupos Motores, las Comisiones de Seguimiento, etc.
  • De la consideración de las personas participantes como objetos a su construcción como sujetos; aspecto clave en la epistemología de la Investigación Acción Participativa, que bebe de las fuentes de la democracia industrial nórdica (Greenwood, 2007) y de las epistemologías de sur, con Fals Borda (2001) y Paolo Freire como referentes.
  • Finalmente, de la movilización de los y las siempre presentes, a la activación de las personas ausentes (mujeres mayores, emigrantes ilegales, sujetos no normativos).

Con ello, podemos cerrar una definición. Así, para nuestro equipo, la participación es proceso de organización o movilización de una comunidad de personas por el que asumen conscientemente su papel de agentes o sujetos en el devenir colectivo. Se trata de una práctica personal y un proceso colectivo que es o aspira a ser Formativo y educativo, creativo, igualitario y transformador.

Y sobre todo, es un proceso político porque entiende que los problemas sociales anclan sus raíces en desigualdades públicas, de forma que la respuesta no debe ser privada sino que debe ser gestionada de forma colectiva. En el fondo, la magia del cuento de la cenicienta está en que se dé cuenta que no está condenada a fregar suelos, y que, como ella, hay miles de cenicientas que si toman conciencia de que no están solas, pueden cambiar el cuento e incluso bailar con un príncipe que sea la expresión de la res pública, la cosa pública (Ahedo, 2022).

Continuará…

…………………………………

Ahedo, Igor. 2022. Discussion paper: When the Cinderellas unite, IJAR – International Journal of Action Research, 1-2022, pp. 28-33. https://doi.org/10.3224/ijar.v18i1.04

Brugué, Quim. 2022. Organizaciones que saben, organizaciones que aprenden. Madrid: Instituto Nacional de la Administración Pública.

Fals Borda, O. (2001). Participatory (action) research in social theory: Origins and challenges. In P. Reason & H. Bradbury (Eds.) Handbook of Action Research (pp. 27-37). Sage.

Ganuza, Ernesto y Arantxa Mendiaharat. 2020. La democracia es posible. El sorteo cívico y deliberación para rescatar el poder de la ciudadanía. Bilbao: Consonni.

Ganuza, Ernesto, Lucrecia Olivari, Pablo Paño, Luz Buitrago y Concepción Lorenzana. 2010. Democracia en acción. Una visión desde las metodologías participativas. Madrid: Antigona. http://hdl.handle.net/10261/79311.

Greenwood, D. J. (2007). Pragmatic Action Research. International journal of action research, 3, 131-148.

Habermans, Jürgen. 1988. “La desobediencia civil como piedra de toque del Estado de Derecho”, en Ensayos políticos. Madrid: Península.

Ibarra, Pedro. 2011. Democracia relacional. Madrid: Centro de estudios políticos y constitucionales.

Innerarity, Daniel., 2020. Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

Klinenberg, Eric. 2022. Palacios del pueblo. Políticas para una sociedad más justa e igualitaria. Madrid: Capitán Swing.

Sonia Bussu, Adrian Bua, Rikki Dean & Graham Smith. 2022. Introduction: Embedding participatory governance, Critical Policy Studies, 16:2, 133-145, DOI: 10.1080/19460171.2022.2053179

Igor Ahedo Gurrutxaga

Profesor del departamento de Ciencia Política, Investigador Principal del grupo de investigación consolidado de la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea, Parte Hartuz

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