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24 mar 2014

EXPERIMENTOS PSICOSOCIALES: Nº9: Los experimentos de ruptura (Harold Garfinkel, 1968)

 “He diseñado un procedimiento para romper las expectativas al mismo tiempo que se satisfacen las tres condiciones bajo las cuales la ruptura produce confusión, es decir, que la persona no pueda convertir la situación en un juego, en un chiste, un experimento, un engaño ni nada por el estilo” (Garfinkel, 1968, pág. 71).

Harold Garfinkel (1917-2011) aportó a la sociología un aire fresco desarrollando la teoría de la etnometodología en los años 60. Desde su afán empírico Garfinkel se apoyó en los escenarios ordinarios del día a día para realizar los experimentos de ruptura tan sorprendentes y olvidados.

Harold Garfinkel, el padre de la etnometodología

Harold Garfinkel, el padre de la etnometodología

La etnometodología  debía preocuparse por los modos prácticos con los que las personas entienden el mundo en el que viven, sus conocimientos en las conversaciones mundanas, en el trabajo, la escuela, o en el hogar, en definitiva en sus quehaceres comunes que se realizan sin prestar atención. Mediante los experimentos de ruptura se hacía patente la importancia de esas normas cotidianas abstractas e implícitas, pero patentes de la vida social  (Garfinkel, 1968 ).

Allá por los 60 un aventurado profesor de la universidad de California mandó a sus alumnos unas prácticas de investigación que nunca dejan de sorprender. La ruptura del “orden del sentido común” suponía romper con el orden legítimo de creencias sobre la vida en sociedad vista (desde dentro) de esa sociedad” (Garfinkel, 1968 , pág. 64) y esta fue la tarea de Garfinkel.

 EXPERIMENTOS:

“He diseñado un procedimiento para romper las expectativas al mismo tiempo que se satisfacen las tres condiciones bajo las cuales la ruptura produce confusión, es decir, que la persona no pueda convertir la situación en un juego, en un chiste, un experimento, un engaño ni nada por el estilo” (Garfinkel, 1968 , pág. 71). A continuación expondremos algunos de los experimentos documentados en el libro Estudios en Etnometodología y dejaremos él resto para una segunda entrada en el blog:

Experimento 1: entrevista de acceso a la facultad de medicina (Garfinkel, 1968: 72)

Planteamiento: 28 estudiantes que deseaban ingresar en la facultad de medicina fueron las víctimas de este primer experimento. Garfinkel se puso una bata blanca y se hizo pasar por el personal de selección de acceso a la universidad de medicina dónde se realizaban entrevistas individuales a los/las aspirantes. Durante la primera hora los/las estudiantes respondieron a preguntas previsibles sobre sus estudios y currículum. Transcurrida la hora se pregunto a los/las estudiantes si deseaban escuchar una grabación de una entrevista real, como la que acababan de realizar ellos. Todas/os se mostraron interesadas/os. La grabación elaborada por Garfinkel exponía a un aspirante tosco, con un lenguaje vulgar lleno de coloquialismos y una gramática incorrecta. También era evasivo y contradecía al entrevistador. Tras escuchar la entrevista se pidió a los/las aspirantes que diesen su opinión sobre el entrevistado (en general fue negativa)  y Garfinkel aportaba datos del ficticio estudiante contrarios a la opinión de los aspirantes (datos muy positivos, altos resultados académicos etc.):

Resultados: 25 estudiantes de los 28 se creyeron el experimento. Entre los argumentos destacados por los aspirantes se menciono que “se oía […]”, “era como de clase baja” a lo que Garfinkel exponía que era hijo de de un gran empresario: Los/las aspirantes reaccionaron de distintas maneras intentando resolver las incongruencias:

-“Debía haber hecho explicito… que podía contar con el dinero”

Más numerosos fueron los intentos de normalizar la información del aspirante:  

-(Risas) ¡Dios!, (Silencio) Yo hubiera pensado que era todo lo contrario, quizás yo haya estado completamente equivocado… mi orientación ha sido mala.

-No fue educado. Quizás tenía confianza en sí mismo. Pero no fue educado. No lo sé. O esa entrevista fue un poco loca o yo estoy muy loco.

-No, no lo puedo ver así. […] quizás sólo se hacía el gracioso. Tal vez intentaba… ¡No! Para mi sonó algo muy impertinente.

-Estoy dispuesto a revisar mi opinión original, pero no demasiado. No lo entiendo.

-(Risas) No sé qué decir ahora. Me preocupa mi falta de habilidad para juzgar mejor al muchacho.

Conclusión: Los/las estudiantes, con la información que obtenían se hacían una idea de cómo podía ser el estudiante y el resultado del experimento. Al encontrar la “ruptura” entre su entendimiento común (“es un barriobajero”) a los datos supuestamente reales (“buen estudiante clase alta”) los jóvenes intentaron normalizar la ruptura y volver a dar sentido a la situación. Las incongruencias (“habla como un pobre, pero es rico”) tratan de solventarse encontrando un remedio que devuelva el sentido al orden normal o común (“Tengo falta de habilidad para juzgar, fue una entrevista loca o yo estoy muy loco”) además de mostrar resistencias a creer en el nuevo orden (“revisaré mi opinión, pero no demasiado, no lo entiendo, quizás haya estado completamente equivocado”).

 

Experimento 2: Regateando en los comercios (Garfinkel, 1968: 83)

Planteamiento: Garfinkel pidió a 68 alumnos que regatearan el precio de alguna mercancía que desearan comprar en una tienda normal donde esto no es habitual. Un primer grupo de alumnos debía realizar un solo intento, mientras que un segundo grupo debía realizarlo hasta 6 veces.

Resultados: el 20% del primer grupo (con un intento de regateo) rehusó de realizar el experimento o lo abortó una vez lo había comenzado. Sin embargo, en el segundo grupo (6 regateos) solo hubo el 3% de abortos del plan.La mayoría de los/las estudiantes sintió una fuerte incomodidad a medida que se acercaba el momento del regateo con el vendedor. Los estudiantes que realizaron los seis intentos comentaron que al tercer intento ya no se sentían incómodos sino que por el contrario disfrutaron. También expusieron que sintieron mucha más vergüenza al regatear por mercancías baratas que por las caras. Por último, puntualizaron que volverían a hacerlo ya que habían aprendido que era posible y factible.

Conclusión: Los que rehusaron sintieron que se enfrentaban a una situación muy extraña e incómoda “ruptura del orden cotidiano” y por eso decidieron finalmente no realizar el experimento. Los que superaron las primeras situaciones de regateo (tres intentos en general) se adaptaron a dicha situación y la asumieron al salir airosos (“Lo volveré a realizar”), ya que asimilaron un nuevo orden en el sentido común (“se puede hacer y lo seguiré haciendo”). Otra posibilidad que desprende está situación es la del precio de las mercancías. Regatear por una mercancía barata, en el orden de sentido común puede entenderse como una tacañería mientras que no ocurre así con las mercancías caras.

 

Experimento 3: Rompiendo el espacio vital (Garfinkel, 1968: 87)

Planteamiento:Se propuso a 79 estudiantes que, en el transcurso de una conversación corriente con algún familiar o amigo (sin importar el sexo, la edad, etc. a excepción de niños), los/las jóvenes se fuesen acercando poco a poco al rostro de su conocido rompiendo el espacio común y “normal” que se emplea en una situación similar donde dos personas hablan.

Resultados: Casi de manera unánime, tanto las víctimas del experimento como los verdugos atribuyeron al acercamiento una intención sexual. Las víctimas del experimento y algunos verdugos intentaron apartarse alejándose del rostro del otro. La situación provocó asombro, vergüenza, incertidumbre, rabia y miedo. Este efecto fue más pronunciado en los hombres que en las mujeres. Al revelar el propósito del experimento los estudiantes no pudieron restaurar la situación inicial, es decir, no consiguieron que la víctima aceptase del todo que se trataba de un experimento de la clase de sociología y pasasen página quedando la situación vivida como una anécdota sin importancia.

Conclusión: Una primera conclusión es evidente: en toda conversación ordinaria hay una distancia mínima de proximidad a la otra persona que se debe respetar. Cuando ésta es quebrantada se produce un acercamiento excesivo (rompiendo la norma) la restauración del orden de sentido común lleva atribuir la intención de la búsqueda de sexo (Ej: “quiere besarse conmigo”). Por último, la imposibilidad de volver al orden anterior a la ruptura, es decir, el no conseguir que las víctimas pasasen página, puede entenderse de diversas maneras pero principalmente se puede señalar que el sexo es un elemento tabú en la mayor parte de las conversaciones comunes. En general en el conjunto de la sociedad occidental el sexo o simplemente la insinuación de éste, es un elemento bastante perturbador o rupturista, más si este hecho ocurre con la familiaridad que poseían los verdugos con sus víctimas (amigos, familiares, vecinos es decir el amigo con el que nunca te besarías, tu prima o un vecino).

 En definitiva, mediante estos experimentos fuera de laboratorios y de situaciones predeterminadas Garfinkel encontró una forma de demostrar los planteamientos teóricos sobre la sociología cotidiana, los modos comunes de entender las situaciones ordinarias que al ser quebrantados producían tanto asombro, incomodidad y tantísimas ganas de volver a la “normalidad” en la que todo se entiende y se da por hecho convirtiendo así lo extraño en lo familiar (Sociología Ordinaría, 2013).

Post redactado por:

Pepo Rodríguez
Sociólogo. Universidad Complutense de Madrid.

 

FUENTES:

Garfinkel, H. (1968 ). Estudios en Etnometodología. Pearson Educatión Inc.Prentice Hall.

Página web: Sociología Ordinaria: http://sociologiaordinaria.com/

Imagen 1 Garfinkel: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/6/65/Garfinkel2.TIF/lossy-page1-220px-Garfinkel2.TIF.jpg

 


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