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26 May 2020

Patriarcado, poder y dominación masculina

¿Cuándo surgió el patriarcado como sistema social? ¿Qué causas motivaron la diferenciación entre los sexos? ¿Cuáles fueron las consecuencias de la instauración del patriarcado? Estas son algunas de las preguntas que hoy responderemos a través de un recorrido por los orígenes del patriarcado como sistema social, basado en la dominación y en el poder del hombre, no solo sobre la mujer, sino también sobre los otros hombres, la familia y la propia naturaleza.

Si te interesan los estudios de género, podrás encontrar más información al respecto en la serie de Género del Blog de la Fundación iS+D.

Patriarcado, poder y dominación masculina

De entre todas las diferencias físicas que puedan existir entre dos personas destacan las relativas a su sexo biológico y son el punto de partida en el que se han fundamentado, y se siguen fundamentando, las teorías sobre sus diferencias conductuales.

Estas teorías tienen su origen en la instauración del Patriarcado que tuvo lugar durante las Revoluciones Neolíticas ocurridas durante el periodo comprendido entre el 10.000 y 3.000 a.C. El Patriarcado es un sistema social organizado en torno a la división entre las mujeres y los hombres dentro de una estructura jerarquizada, basada en la dominación masculina y establecida en torno a tres ejes: de los hombres sobre las mujeres; de los hombres en la familia; y de los hombres entre los hombres.

Figura. La dominación masculina

Fuente: Libro «Hacia un Feminismo del Punto Medio: Nueva Teoría para la Igualdad de Género»

El punto de partida de la división entre los sexos lo constituyeron una serie de hechos que tuvieron lugar durante dicho periodo: el descubrimiento de la paternidad biológica, por un lado, y la sedentarización, por otro. El primero, porque al ser la paternidad imperceptible por los sentidos, fue la causa del control de la sexualidad femenina como medio de su garantía; y la segunda, porque la sedentarización hizo aflorar el sentimiento de propiedad y trajo consigo la guerra con la consiguiente conciencia del poder. Esta conciencia fue experimentada por los varones al ser los encargados de ir a la guerra, por ser más prescindibles para la reproducción que las mujeres, cuya salvaguarda era indispensable para el crecimiento de la población.

La conciencia de la paternidad transformó la familia basada en el binomio madre-hijo, que pasó a estar constituida por el triángulo madre-padre-hijo. A partir de ese momento la descendencia fue patrilineal.

Descubrimiento de la paternidad biológica

La paternidad biológica fue un hecho desconocido para los antepasados remotos. La maternidad es ostentosamente evidente, pero la paternidad no (Kraemer, 1991; Martín Casares, 2006). Varios/as autores/as consideran que la conciencia de la paternidad tuvo lugar con la domesticación de animales (Sanahuja Yll, 2002; Cosacov, 2005); otros/as lo vinculan también con el hecho de que en la actualidad todavía sea un fenómeno desconocido para algunas sociedades, ya sea porque creen que es un espíritu el que insufla la vida (aborígenes australianos), ya porque crean en la multipaternidad (pueblos de la cuenca del Amazonas) (Rosado Millán, 2011).

  • La conciencia de la paternidad transformó la familia basada en el binomio madre-hijo, que pasó a estar constituida por el triángulo madre-padre-hijo. A partir de ese momento la descendencia fue patrilineal.
  • Los hombres reclamaron para sí el reconocimiento de su contribución a la reproducción mediante la elaboración de un sistema de reconocimiento social basado en la presunción de paternidad a través de un “titulo legal” de reconocimiento de la condición de padre, como consta en los códigos legales de las principales civilizaciones, condición que recaía en el esposo.
  • La importancia de este descubrimiento incidió en el pensamiento mágicoreligioso que pasó de venerar la fertilidad femenina a vanagloriar esta capacidad en los dioses masculinos a imagen y semejanza de las mujeres. En todas las mitologías analizadas, los dioses darán la vida sin intervención femenina, o con una intervención mínima de la madre.
  • La culminación de este pensamiento llegaría con el triunfo de las religiones monoteístas, como la hebrea, el zoroastrismo, y las posteriores cristiana y musulmana, en las que la mujer quedaría fuera de la divinidad, permaneciendo su figura en un plano subordinado al de los “dioses padre”.
  • Las características biológicas de la maternidad y de la paternidad dieron lugar a construcciones sociales diferentes: la maternidad ostentosa de la mujer la vinculó con la naturaleza, mientras que la imperceptibilidad de la paternidad, conectó a los hombres con el mundo de las ideas. Como consecuencia de ello las capacidades femeninas fueron asociadas con la naturaleza también, mientras que las masculinas fueron asociadas con la mente. (Rosado Millán, 2011, pág. 315).

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La sedentarización

La sedentarización dio paso a un crecimiento demográfico que produjo una presión sobre los recursos alimenticios disponibles e hizo necesaria la invasión de territorios nuevos. El hecho de que la supervivencia dependiese de un territorio concreto hizo aflorar un sentimiento de propiedad que anteriormente no había existido durante el nomadismo. La defensa de esa propiedad y la necesidad de nuevos territorios, fueron el origen de la guerra que aparece, aproximadamente, en el Calcolítico (Alimen & Steve, 1975; Kelly, 2000; Rosado Millán, 2011).

A su vez, la guerra supuso la aparición de la dominación como poder ejercido sobre los demás, fenómeno que suponía un riesgo importante para quienes se enfrentaban a ella y fue asumida por los hombres por ser menos necesarios numéricamente para la reprodución, al tiempo que se protegía a las mujeres como garantía de un crecimiento demográfico que era necesario para tener más capacidad defensiva y productiva:

  • La necesidad de disponer de un territorio y el sentimiento de propiedad dieron paso a la guerra, que hizo aflorar una conciencia nueva: la del poder, que a su vez, dio lugar a la aparición de privilegios y con ello a la estratificación social.
  • El ejercicio de la guerra fue realizado mayoritariamente por los hombres pasando a convertirse en una de las funciones básicas de la masculinidad, si bien no se puede precisar si las mujeres participaron en los primeros momentos defensivos. Lo que sí se sabe es que fueron preservadas de las actividades de riesgo.
  • Los guerreros ocuparon los escalones más elevados de la pirámide social, compartiéndola con los sacerdotes.
  • El poder se fue concentrando poco a poco dando paso a la figura del rey.
  • El poder fue ejercido fundamentalmente por los varones. Aunque las mujeres participaron en él, lo hicieron en la sombra y de forma aislada. (Rosado Millán, 2011, pág. 319).
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Referencias:

Alimen, M.-H., & Steve, M.-J. (1975). Prehistoria (Vol. Vol. 1). Siglo XXI España

Cosacov, E. (2005). Introducción a la Psicología. Brujas

Kelly, R. C. (2000). Warless Societies and the Origin of War. University of Michigan Press

Kraemer, S. (1991). The origins of fatherhood: An ancient family process. Family process, 30 (4) , 377-392.

Martín Casares, A. (2006). Antropología del Género. Ediciones Cátedra

Rosado Millán, M. J. (2011). Los hombres y la construcción de la identidad masculina. Fundación iS+D

Sanahuja Yll, M. E. (2002). Cuerpos sexuados, objetos y prehistoria. Ediciones Cátedra

Mª Jesús Rosado Millán
Presidenta de la Fundación iS+D
para la Investigación Social Avanzada

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